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Avanzar hacia una multisectorial educativa

Por LUCIANO SANGUINETTI (*)
lpsanguinetti@gmail.com

El fracaso de la paritaria docente, no por previsible, deja de ser una noticia importante. Repite una incertidumbre que los bonaerenses conocemos desde hace más de 15 años y esto no ha cambiado con los gobiernos anteriores, ni con los actuales. El problema es que la perspectiva en la que inscribimos la problemática educativa sigue siendo, erróneamente, la del corto plazo.

Marzo no puede ser el ultimátum en un sistema que organiza, para los próximos 20 años, los aprendizajes de las nuevas generaciones. Tengamos en cuenta que los estudiantes ingresan al sistema, en su mayoría, en el nivel inicial, a los 5 años, y egresan a los 17 con el secundario. Una proporción menor -pero significativa- lo hace en los niveles terciario y/o universitario a los 25 años de promedio, con lo cual los niños y jóvenes pasan cerca de 20 años dentro del sistema educativo. Pensar que el problema puede resolverse a partir de una parte de ese sistema es no entender que en realidad, y valga la redundancia, es un sistema. Un sistema que educa en su integralidad. Los alumnos se forman en su trayectoria escolar, no en cada clase. Por lo tanto el sistema tiene que ser pensado desde esa perspectiva holística, en la que ciertos componentes son fundamentales.

Los docentes son uno de esos componentes, la escuela como dispositivo es otro, la familia es un tercer actor clave, no siempre justamente valorado y, por supuesto, en la actualidad, tienen cada vez más importancia y significación todos los dispositivos de distribución y acceso al conocimiento, en particular, los que devienen de estos últimos 50 años de transformación tecnológica.

La cuarta revolución industrial

El contexto actual del proceso educativo está determinado por lo que se denomina hoy la cuarta revolución industrial integrada por la robótica, la digitalización y la inteligencia artificial. En 2019 vamos a celebrar los 50 años de la primera conexión a Internet, aquel famoso primer mensaje entre la UCLA y Stanford. Desde entonces, el mundo cambió radicalmente y la velocidad de ese cambio tiene un ritmo vertiginoso. Piensen que de la escritura a la imprenta pasaron cerca de 2000 años, de la imprenta a la radio y el cine 400, de allí a la televisión 45 y de la televisión a Internet menos de 20 años. En ese proceso pasamos de sociedades cerradas y aisladas a un mundo empequeñecido e hiperconectado. Que después de 30 años de democracia, en un mundo en el que el conocimiento es el motor del desarrollo, el salario inicial docente en Argentina esté por debajo de la canasta básica habla claramente del fracaso de los gobiernos y de los gremios.

Cuando en el mundo los debates educativos se centran en la pertinencia de los aprendizajes, los nuestros bordean con patetismo el inicio de clases. Mientras otros países piensan en el 2050 nosotros no podemos salir del horizonte de marzo 2018. Ahora bien, no todo lo que ha hecho argentina en materia educativa está mal. La Ley de Financiamiento Educativo (LFE, 2005) que garantizó una inversión del 6% del PBI es correcta y se asimila a la inversión que hacen otros países más desarrollados que nosotros. La puesta en marcha de un sistema de evaluación universal de alumnos como la prueba Aprender también es una iniciativa acertada. Ahora se trata de avanzar sobre lo que está pendiente. Por ejemplo: establecer un régimen salarial para el docente de aula que premie compromiso y formación que no dependa de los gobiernos de turno, crear un sistema de evaluación y seguimiento de las escuelas con criterios de acreditación articulado a fondos de mejoras por escuela, pasar definitivamente la formación docente a las universidades donde Argentina tiene la mayor capacidad instalada en la producción de conocimientos y darle a los municipios la infraestructura escolar y los programas de apoyo a los sectores más vulnerables.

Pero estas acciones exceden a la paritaria, donde sólo hablan el gobierno y los gremios. Son parte de la agenda de una multisectorial educativa con base en el Congreso. Porque los representantes de las familias son los que deben tomar la palabra.

 

(*) Concejal por el Frente Renovador

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