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Editorial

Se deben preservar en debida forma a los edificios públicos

Se deben preservar en debida forma a los edificios públicos

Una vez más volvieron a registrarse episodios demostrativos de la necesidad de mantener en debida forma a los edificios públicos de nuestra ciudad, a partir del derrumbe de parte de un cielorraso de una dependencia de la Secretaría de Niñez y Adolescencia bonaerense, ubicada en avenida 1 entre 58 y 59, que se desplomó anteayer por la mañana instantes después de que empleados del lugar salieran de la oficina. Debido a ello, el incidente, afortunadamente, sólo tuvo como saldo el de los daños materiales.

Tal como se informó, los empleados del lugar dijeron que ya habían advertido varias veces sobre las malas condiciones que presentaba el inmueble. El hecho devolvió la mirada sobre las condiciones de distintos inmuebles estatales, sobre todo las de las torres administrativas que dan a Plaza Moreno, que no dejan ser noticia por las reiteradas falencias que exhiben, tanto en los ascensores, como en ventanas, puertas y sanitarios.

Asimismo, en años anteriores se registraron derrumbes que sólo por milagro no derivaron en consecuencias mayores, como cuando se desplomó un alero de entrada al ministerio de Salud, sobre la avenida 51. En el caso ocurrido ahora, en el área de Servicios Generales y Depósitos de la dependencia provincial habían advertido que existían importantes problemas de infraestructura en el edificio, se añadió.

Además del riesgo que estas deficiencias suponen para la integridad física de las personas que trabajan en esos edificios, así como para el público que acude a realizar trámites, el problema se agrava cuando se habla de edificios públicos que revisten importancia histórica, tanto por su calidad arquitectónica como por ser parte del legado fundacional de la Ciudad.

En el curso de los años se han registrado, como es bien sabido, resquebrajaduras en los techos y paredes, filtraciones y otros graves problemas que afectaron a edificios de enorme importancia, como el Pasaje Rocha y varias sedes ministeriales de la Provincia, debiéndose realizar urgentes trabajos de restauración.

Lo que se demanda es la existencia de políticas oficiales de preservación de edificios públicos. Más allá de la tradicional incuria de la burocracia, es decir de las omisiones en que incurrieron las sucesivas administraciones, se advierte asimismo la inexistencia de una concepción que valore la importancia del patrimonio edilicio y arquitectónico de nuestra ciudad.

Esa visión que, sin dudas, existió en La Plata a lo largo de muchas generaciones, se ha perdido casi por completo y es por ello carente de explicación que la conservación y mejoramiento de los edificios gubernativos –esencial para garantizar la integridad de quienes trabajan o acuden a ellos- haya dejado de formar parte de una política prioritaria del Estado municipal y provincial.

 

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