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TENDENCIAS

Historias condicionadas: la industria porno copa las pantallas

Este año se estrenaron varias series, películas y documentales que retratan el detrás de escena poco glamoroso del cine triple equis, que parece destaparse y emerger de las sombras de la vergüenza

“Iniciales SG”, hoy en el Select, última función

“The naked director”, en NEtflix

“The Deuce”, gran serie de HBO

De tanto en tanto, las pantallas de cine y televisión parecen ponerse de acuerdo para tratar ciertos temas y problemas. Llámenlo moda, reflejo de las inquietudes sociales y el zeitgeist, sinergia: no puede ser casual, por ejemplo, que en cuestión de meses hayan salido tres filmes mainstream en diversos rincones del mundo sobre el despertar de los desposeídos como “Joker”, “Shoplifters” (en Netflix) y “La odisea de los giles”, y que en algún momento se vaya a estrenar otra película de similar temática como “Parasite”. Todas, por cierto, optaron u optarán por el Oscar.

La misma confluencia de factores invisibles parece haberse concatenado para producir un fenómeno extraño: una serie de shows televisivos y películas sobre la industria del porno.

“Nadie nos dejaría hacer ahora una serie sobre el porno”, comentaba David Simon antes del inicio de la tercera temporada de “The Deuce”, en curso en HBO (se ve todos los lunes por el canal premium) y que retrata diez años de prostitución, vicio y desarrollo del cine porno, de la gloriosa era de los 70 al declive y pasaje a VHS una década más tarde.

Pero Simon, creador de la prestigiosa “The Wire” y probablemente ninguneado a la hora de los premios con “The Deuce” por su temática conflictiva y moral ambigua, está en definitiva equivocado: porque aunque parezcan días donde la industria ofrece un mensaje desinfectado, consensuado y políticamente correcto, por el otro lado, emerge una contracorriente de espectadores que ya no consideran tabú la experimentación sexual. Para ese grupo demográfico, la pornografía ha dejado de ser motivo de vergüenza y ha salido a la luz.

Y la industria del cine condicionado, claro, es muy jugosa en historias sin explotar, como hace “The Naked Director”, otra serie al aire este mismo momento que como “The Deuce” retrata el detrás de escena de la fascinante industria de la pornografía.

Hace apenas algunas semanas debutó en Netflix esta verdadera rareza, una historia de ambición desnuda y dudosa moral, la del pionero director de cine adulto Toru Muranishi, cuyas calientes películas irrumpieron en la industria japonesa generando furor y colas de cuadras para adquirirlos.

Muranishi se enfrentó a las convenciones del entretenimiento para adultos, y las elevó a una experiencia mucho más íntima, explícita y, sobre todo, real: porque hasta entonces la pornografía era fingida, un teatro dispuesto a partes iguales entre productores y la censura gubernamental, reflejando el placer como un vicio impudoroso. La misma tensión revelaba “The Deuce”: la pulseada entre los que querían generar un arte de la intimidad y quienes simplemente mostraban dos cuerpos desnudos, desenfrenados y desanimados, que no ocultaban el hastío de un trabajo repetitivo y con menos glamour que el del oficinista.

Muranishi era antes de revolucionar la industria un vendedor de enciclopedias de inglés puerta por puerta. “El inglés es el idioma del futuro”, decía. Pero pronto se da cuenta que el idioma del futuro es la pornografía, mucho más fácil de vender que una enciclopedia y mucho más rentable.

CINE Y DOCUMENTAL

El tiempo dio la razón a Muranishi, como refleja el documental que puede verse en Amazon “Pornocracia”, de la ex actriz de cine condicionado transformada en filósofa del porno Ovidie: allí explica cómo en seis años, la humanidad ha visto el equivalente de 1,2 millones de años de videos porno. Los principales sitios triple equis son los dueños de un gran porcentaje de la torta del tráfico de la web, poderosas multinacionales que motorizan internet, a la vez que en los niveles bajos de la industria, denuncia Ovidie, la explotación de los actores y actrices ha empeorado, con la piratería virtual haciendo estragos.

Los documentales sobre la industria son parte de este fenómeno de visibilización y apertura del porno: en Netflix pueden verse “Hot girls wanted” y “After porn ends”, además del retrato del mítico Rocco Siffredi, “Rocco”; y Channel 4 de Inglaterra acaba de estrenar “Madres haciendo porno”, serie documental donde Emma, Sarah, Jane, Anita y Sarah, cinco madres británicas, que se proponen producir su propia película de adultos con el objetivo de crear un debate social y promover un comportamiento más sano hacia el sexo.

Y el “destape” llegó también al cine: hoy se verá por último día en el Cinema San Martín “Porno para principiantes”, comedia sobre un realizador de cine porno en la Uruguay de los 80, protagonizada por Martín Piroyanski; y también por última vez se proyectará en el Pasaje Dardo Rocha “Iniciales SG”, donde Diego Peretti encarna a una ex estrella porno con ínfulas de Serge Geinsbourg. El cine condicionado, en sus múltiples formas, ya convivía con nosotros, de forma subterfugia: ahora, parece que llegó para quedarse en la luz de lo masivamente aceptado.

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