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Atacan en edificios del centro

Van tras la pista de la mafia de los clonadores de llaves electrónicas

Propietarios y administradores aseguran que hubo intentos de ingreso en varios inmuebles utilizando réplicas. La máquina para copiarlas “se consigue por 3 mil pesos en el mercado”, denunció un cerrajero. Advertencias

CON LAS MÁQUINAS apropiadaS “es muy fácil” CLONAR LAS LLAVES / s. cASALI

uno de los presuntos estafadores que intentó ingresar en 57 y 10/el dia

Marcelo Carignano

mcarig@eldia.com

En el viejo milenio, la artimaña de copiar una llave era considerado un apéndice más de los tantos que desarrollaron los estafadores para aplicar el cuento del tío en sus víctimas. Con la “pata” electrónica aún en ciernes o directamente nula, la complejidad del engaño estaba relacionada con la forma de convencer a la persona para que hiciera entrega del material a replicar.

De esa forma, la operación requería que el actor se hiciera pasar por un encargado, administrador o inspector, es decir, una persona con la autoridad para pedir (y llegado el caso, exigir) la entrega de algo tan personal como la llave de acceso al inmueble. Con el objeto en mano, llegaba el pase de magia y el juego rápido para esconder el “trabajo”: la impresión de la pieza sobre un jabón, que luego sería utilizada para hacer una copia.

Esa primera parte no cambió mucho; sí lo hizo la forma mecánica en que se obtiene el resultado.

Fuentes de la Policía consultadas por este diario señalaron que este tipo de delito “todavía está en ciernes” en la Región. “Se detectaron algunos hechos, sí, pero las bandas que llevan adelante fraudes como ése operan en mayor medida en capital federal”, aseveraron los investigadores.

Sin embargo, en el edificio de 57 entre 10 y 11 advierten que ya fueron blanco los clonadores de llaves electrónicas y uno de los presuntos perpetradores quedó filmado por las cámaras de seguridad del lugar.

Conforme al relato de Federico Álvarez, uno de los propietarios, eran al menos dos sujetos que “se presentaron como personal de la empresa que colocó la cerradura magnética, bien vestidos”, aunque no se les observa distintivo alguno en las imágenes.

No obstante, consiguieron ganarse la confianza de la hija menor de la dueña de uno de los departamentos. A ella le comentaron que se habían comunicado con el administrador porque “varios vecinos tuvieron problemas con la cerradura”.

Uno de ellos notó que la adolescente llevaba un llavero en la mano y aprovechó la ocasión para preguntarle si le parecía bien probarlo “a ver si funciona”. Lo colocaron “en un aparato“ y se lo devolvieron, satisfechos con el resultado. La secuencia levantó sospechas y los individuos se marcharon poco después.

Más tarde llegaría la confirmación: “No eran de la empresa y, al rato, se los vio mientras intentaban ingresar en el edificio con la copia”, reveló el frentista. La maniobra delictiva quedó trunca, ya que no consiguieron abrir la puerta. Entonces “llamamos a la cerrajería y bloqueamos esa llave”, indicó Álvarez.

Por su parte, Ariel Copari, presidente de la Cámara de Administradores de Consorcios de La Plata, sostuvo que la situación ya se registró en otras oportunidades con consecuencias diversas. “En algún edificio han clonado micro llaveros y eso generó que se trabara todo el sistema”, le contó a EL DIA.

Asimismo, recalcó que “la gente tiene que estar más atenta a estas cosas, sobre todo cuando se hacen pasar por alguien enviado por la administración o de una empresa que trabaja con nosotros. Hay que tener en cuenta que cualquier cambio se comunica con una notificación a todos los vecinos”.

EL ERROR HUMANO

Diego Barbosa (46), de la cerrajería VM, no tiene dudas al respecto y atribuyó los casos a un descuido de los usuarios. “Cuando los sistemas son viejos se pueden clonar con cierta facilidad”, explicó Barbosa, que trabaja en el sector desde hace más de 20 años. “Ni bien empezamos a usar el sistema electrónico nos encontramos con dificultades a la hora de instalarlo y teníamos algunos problemas porque se copiaba muy fácil la llave. Con el tiempo se mejoró”.

“La computadora que se utiliza para efectuar la clonación “se puede comprar en Internet, por ejemplo, a unos tres mil pesos”, remarcó. Sin embargo, el problema principal es que “los consorcios no actualizan los equipos que ya están instalados, no quieren hacer esa segunda inversión”, aclara.

Se trata de un error que termina costando muy caro. La labor, aseguró Barbosa, es simple: “Se le actualiza el driver que tiene adentro el aparato -cada dos años por lo general- y eso sirve para bloquear cualquier intento de ingreso con llaves clonadas”.

Cada llavero tiene un código numérico impreso de fábrica (que está guardado en la base de datos interna del aparato que se usa para actualizarlos) y eso es lo que copian los falsificadores. Así es que, cuando se restablece el software del aparato receptor que lee esa combinación, éste rechaza las llaves apócrifas. Ningún sistema es infalible, menos aún aquellos que son electrónicos y dependen de un reajuste que no suele hacerse. “El problema de la electrónica es que si tenés la maquinaria apropiada, es muy fácil de vulnerar”, aporta José, trabajador del mismo rubro.

Otra de las acciones que realizan los delincuentes es la de cortar las conexiones de cables para producir una interrupción en la corriente. “Estamos hablando de otro error humano, esta vez de quien coloca la cerradura. Si queda un cable a la vista es un problema, lo levantan y es como si produjesen un corte de luz”, esclareció Barbosa.

En caso de una suspensión en el suministro eléctrico, la batería dura “por lo menos cuatro días” y sirve para evitar que la cerradura magnética deje de funcionar y la puerta quede abierta. Pero, sugirió José, “es importante que el cambio de la misma se efectúe cada tres años”.

Los investigadores coinciden en que para llevar a cabo estos golpes se necesita, por un lado, un trabajo de logística criminal previo y, por el otro, aptitudes y conocimiento de cerrajería. Esto último es compartido por los propios cerrajeros consultados.

Lo que hacen los estafadores, elucidan los especialistas, es recorrer la cuadra donde está emplazado el edificio marcado para mirar quiénes salen y entran del lugar. Otras veces, en cambio, eligen el camino directo y hurtan carteras, mochilas o bolsos. “Casi siempre van vestidos de manera formal, para que el engaño surta más efecto, hablan de forma correcta y mucho, para evitar que la persona reaccione rápido”, detalló un pesquisa. Y resaltó que, lo más importante, es que “disponen de tiempo para prepararse”.

Este tipo de bandas ingresa en los departamentos violentando las puertas de aquellos que están circunstancialmente vacíos. Y, muchas veces, en varios del mismo piso.

 

 

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