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Contraataca desde el poder

Mariano Spezzapria

Por: Mariano Spezzapria
@mnspezzapria

5 de Marzo de 2021 | 04:22
Edición impresa

“No hay mejor defensa que un buen ataque”, pudo haber pensado Cristina Kirchner al declarar ante el tribunal que la juzga en la causa del “dólar futuro”, tal vez la más floja de papeles en todas las investigaciones que la tienen como principal imputada. La Vicepresidenta aprovechó la ocasión para abonar la teoría del Lawfare e invirtió la carga de la prueba: para ella, son los jueces los que deben explicar por qué la tienen sentada en el banquillo de los acusados.

La intervención de la Vicepresidenta fue enteramente política, pero tuvo un costado emocional -transmitió bronca, enojo y angustia- y también se constituyó en una demostración de poder, ya que la realizó desde su despacho en el Senado, desde donde tiene una influencia determinante en el desempeño del Congreso nacional y en la vida interna del Frente de Todos, la coalición gobernante.

Tanto es así, que los argumentos que utilizó Cristina en su exposición –nunca interrumpida por los magistrados- resultaron una profundización del discurso del presidente Alberto Fernández ante la Asamblea Legislativa del pasado lunes. Sobrevoló todo el tiempo la idea de la persecución política en contra de los “líderes populares” por parte de jueces que, además, tuvieron para la Vice una ligazón con los intereses del ex presidente Mauricio Macri.

A tal punto, que los acusó de haber sido funcionales a la victoria electoral de Macri en 2015, ya que la denuncia fue realizada por dos legisladores de Cambiemos –Mario Negri y Federico Pinedo- tras los comicios generales y antes de la segunda vuelta en la que cayó derrotado Daniel Scioli. Para Cristina, entonces, no hubo errores propios en su gestión ni en la del candidato justicialista que explicaran el veredicto negativo de las urnas.

En la concepción de la Vicepresidenta, los jueces y los fiscales –mencionó con nombre y apellido a Gustavo Hornos, Carlos Stornelli, Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi, Martín Irurzun, Raúl Pleé y Julián Ercolini- actúan en consonancia con los medios de comunicación “monopólicos” para engañar al electorado y perjudicar al kirchnerismo. A la cabeza del ránking de “inefables” –así lo definió- ubicó al fallecido juez Claudio Bonadío.

En su andanada de cuestionamientos contra el Poder Judicial, Cristina comparó incluso a los jueces con las Fuerzas Armadas, al asegurar que “el poder permanente” en la Argentina primero fueron los militares y luego los magistrados. También habló del “poder económico”, pero excluyó de esa categoría a la dirigencia política. No obstante, admitió que hay políticos “corruptos, claro que sí”, pero preguntó: “¿En su Poder Judicial no hay corruptos?”.

El malestar de la Vicepresidenta con la permanencia de las causas judiciales en su contra –dijo que el Lawfare sigue vigente- pudo haber motivado el tenor del discurso de Alberto Fernández ante la Asamblea Legislativa. Por lo bajo, en el oficialismo se comenta un llamado telefónico de Cristina al mandatario tras el fallo que condenó a Lázaro Báez a 12 años de prisión. Ella estaba en El Calafate y el Presidente se encontrada de visita oficial en México.

Otro elemento político de la intervención de ayer de Cristina –que en su entorno afirman que vieron más de un millón de personas en las distintas plataformas- fue su reivindicación de la figura de Axel Kicillof, cuando sostuvo que “no hay antecedentes” de que un ex ministro de Economía gane las elecciones en la provincia más importante del país, como lo es Buenos Aires. Una definición que confirmó la predilección que la Vice tiene por el Gobernador.

Con todo, la Vicepresidenta pasó a una nueva etapa en su estrategia judicial: ya no se consideró “absuelta por la historia” –como dijo en 2016, tras su salida de la Casa Rosada- sino que pidió a los magistrados de la causa de “dólar futuro” que “hagan lo que tengan que hacer”. Como aconsejaba el estratega Sun Tzu, la postura de “defensa es para tiempos de escasez” y “el ataque para tiempos de abundancia”. Ahora, Cristina contraataca desde la cúspide del poder.

 

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