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La plataforma fue adquirida por el magnate Elon Musk, un defensor de la libertad de expresión a ultranza, lo que abre serios interrogantes sobre problemas históricos como los discursos de odio, las “fake news” y el acoso
Se estima que cada argentino adulto joven pasa 5 horas diarias usando un promedio de siete redes sociales, el 80% de ellos, desde su teléfono inteligente. Plataformas que casi la mitad de ellos utilizan para socializar y que cumplen con otros objetivos, como brindar información, pero que desde sus primeros tiempos comparten un lado oscuro al que ninguna red pudo poner freno de manera eficaz: en esa área conviven conductas condenables como los discursos de odio, el bullying, la suplantación de identidad, el hostigamiento, los fraudes y las fake news (noticias falsas) que abonan la desinformación.
La realidad de las redes se ubicó en el centro del debate esta semana, después de que Twitter, una de las más cuestionadas por su carga de discursos de odio y agresividad, fuera adquirida por el multimillonario Elon Musk tras pagar 440.000 millones de dólares por ella.
Este acontecimiento instaló un fuerte debate a la vez que una buena cuota de incertidumbre. En torno a Twitter, sobre todo. Pero también alrededor de aquellas prácticas, más arriba citadas, que oscurecen el día a día en las redes y a las que cuesta poner freno.
Puntualmente, lo que preocupa a la comunidad de usuarios de Twitter es lo que va a pasar con esa red social cuando dentro de seis meses se formalice el acuerdo por la compra y quede en manos de Elon Musk, un defensor a ultranza de la libertad de expresión. El temor de muchos grupos minoritarios que suelen ser víctimas de mensajes de odio y hostigamiento en esa red es que en aras de ese concepto Musk pueda quitar los filtros que hoy bloquean las expresiones de intolerancia.
En ese sentido, por ahora todo es incertidumbre y habrá que esperar, según explica en una columna de opinión que acompaña esta nota el abogado especialista en nuevas tecnologías Raúl Martínez Fazzalari.
Lo que es cierto, abunda el experto, es que “las acciones delictivas que acontecen en las distintas redes sociales, como el bullying, la suplantación de identidades, el hostigamiento, los discursos de odio, los fraudes, seguirán ocurriendo. Y esto es porque estas conductas, si bien están contempladas en los marcos normativos reales, se tornan difíciles de prevenir en el ámbito virtual, cuando no imposible, ya que para aplicar las normas que regulan nuestra vida social, en Internet las fronteras o la centralidad legislativa no existen” (ver aparte).
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De todos las conductas negativas que aparecen en las redes sociales, lo que puso en el centro de la escena la venta de Twitter son los discursos de intolerancia y odio. Puntualmente, son las minorías las que se sienten preocupadas porque en esa red, que viene trabajando desde hace tiempo para bloquear ese tipo de expresiones, se retiren los filtros que las bloquean a instancias de Elon Musk.
Los que más advirtieron acerca de esta situación son precisamente los más afectados por esos discursos: las minorías raciales, religiosas, las mujeres, integrantes del colectivo LGTB, los discapacitados.
Temen que la ausencia de filtros otorgue piedra libre a los sectores que propagan el odio, el hostigamiento y la desinformación, una posibilidad que no parece inquietar a Musk.
De todos modos, incluso las personas que han sido blanco de expresiones de intolerancia dicen que no piensan dejar de usar la plataforma, porque valoran la oportunidad que les da de expresarse y de contactarse con otros.
Esto podría explicar por qué a Musk le importan tan poco las potenciales consecuencias de una libertad de expresión total. Las empresas que compran publicidad -que representan el 90% de los ingresos de Twitter-, sin embargo, tal vez no piensen lo mismo.
Renee Bracey Sherman, activista de raza mixta defensora del derecho al aborto, dice que recibe numerosas críticas previsibles en Twitter y de vez en cuando mensajes deseándole la muerte, fotos de fetos abortados y, hace poco, una foto de alguien parecida a ella presentada como una nazi.
Si bien hay gente que amenaza con dejar de usar Twitter por Musk, otros, como Bracey Sherman, afirman el tema no es tan sencillo. No pueden dejar de usar Twitter y pretender que sus seguidores se vayan con ellos.
Para atenuar los mensajes de odio, Bracey Sherman bloquea a miles de personas y usa filtros que eliminan los mensajes más extremos. También informa a Twitter acerca de esas publicaciones, pero dice que la plataforma rara vez hace algo.
Twitter no respondió de inmediato a pedidos de comentarios.
La empresa dice que no admite hostigamientos ni intimidación dirigidos a sectores particulares, que puedan asustar a la gente y hacerla callar. Asegura que no tolera amenazas violentas.
Musk, por su parte, se describe como “un absolutista de la libertad de expresión”. En los tuits que envió a sus 85 millones de seguidores desde que Twitter aceptó su oferta de 44.000 millones de dólares el lunes pasado, dejó en claro que se propone ser mucho menos rígido en el control del contenido que circula por la plataforma y que no le inquietan las críticas que puede generar un contenido cuestionable.
“La reacción tan extrema de los anticuerpos de quienes le temen a la libertad de expresión lo dice todo’’, dijo Musk en un tuit el martes.
Si bien las encuestas indican que todo el mundo es susceptible a ser hostigado, numerosos estudios revelan que las mujeres y las minorías tienen muchas más probabilidades de estar en la mira, algo que el propio Twitter admite. También son blanco de ataques las personas con discapacidades, las minorías religiosas y la comunidad LGBT.
Michael Kleinman, quien estudió el hostigamiento en las redes para Amnistía Internacional, dijo que si Twitter permite un contenido más odioso y abusivo, las personas afectadas podrían expresarse menos.
Por lo pronto, Musk adelantó que incorporará a la plataforma novedades como algoritmos de código abierto, humanos identificados y un escenario sin bots de spam y subrayó que buscará “garantizar la libertad de expresión” a rajatabla, a la que denominó como “la base de una democracia que funcione”.
¿Habrá rienda libre para el bullying? ¿Tendrán -aún más- lugar los incitadores a la acción violenta? ¿Se afianzará el perfil tóxico que en los últimos años los esfuerzos por moderar los contenidos quisieron contener?
Para Martín Becerra, especialista en medios de comunicación e industrias culturales e investigador del Conicet, Musk, “con su estilo provocador, parece ignorar el largo y problemático camino transitado por Twitter y otras plataformas en la gestión y moderación de contenidos”.
“Una cosa es ser un alborotador sin cargas de conducción en la plataforma, y otra distinta es tener responsabilidad en un ámbito en el que hay operaciones de acoso, discriminación racial, violencia de género y otros discursos que los estándares de libertad de expresión clasifican dentro de los límites legítimos”, continuó Becerra.
Entre otros, un informe de Amnistía Internacional (AI) publicado en diciembre de 2021 alertó que periodistas, actrices, activistas y defensoras de derechos humanos de las mujeres y personas LGBTI+, ven a “Twitter como un espacio que habilita la violencia de género en la conversación”.
AI manifestó que “es destacable que el 100% de las que usan la plataforma numerosas veces a la semana y que no denunciaron abusos respondieron que ‘no valía la pena el esfuerzo’”.
Aún así, la plataforma intentó algunas acciones frente a las problemáticas que tienen lugar día a día: “Si bien animamos a las personas a expresarse libremente en Twitter, el abuso, el acoso y la conducta de odio no tienen cabida en nuestro servicio”, detalla Twitter en su blog oficial y agrega, “Hasta la fecha, nuestras reglas contra las conductas de odio prohiben la utilización de lenguaje que deshumaniza a otros por su religión, casta, edad, discapacidad, enfermedad, raza, etnia o lugar de origen”, detalló la plataforma, que también “prohíbe el lenguaje que deshumanice a personas por motivos de género, identidad de género u orientación sexual”.
La irrupción de la era Musk, ahora, no hace más que incrementar los interrogantes.
A muchos les preocupa la posible eliminación de filtros para bloquear discursos de odio
Problemas como el bullying o la suplantación de identidad son difíciles de evitar
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