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Espectáculos |LA PREMIADA PELÍCULA DE RODRIGO MORENO

“Adónde está la libertad”: “Los delincuentes” vuelve a la pantalla por una noche

El viernes se podrá volver a ver en la Ciudad la película elegida por Argentina para competir en los Premios de la Academia de este año

“Adónde está la libertad”: “Los delincuentes” vuelve a la pantalla por una noche

Morán, en busca de la libertad en “Los delincuentes”, de Rodrigo Moreno

Pedro Garay

Pedro Garay
pgaray@eldia.com

26 de Febrero de 2024 | 01:59
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En estos días se habla mucho de libertad. Y la discusión es, habitualmente, sobre dinero. De un lado, en nombre de la libertad de las fuerzas del mercado que nos llevarán hacia un próspero porvenir, supuestamente, piden recortes, sacrificios. La libertad no tiene que ver demasiado con el mercado, dicen del otro. ¿La plata puede hacer la felicidad? ¿Puede hacer la libertad?

Esa pregunta flota a lo largo de “Los delincuentes”, la película de Rodrigo Moreno que se verá este viernes en nuestra ciudad, con presencia del director, en el marco del ciclo de cine que comienza en el centro cultural de 39 entre 3 y 4: Pappo se pregunta a lo largo de la película, desde tiempos de Onganía, “Adónde está la libertad” ("no creo que nunca la hemos pasado tan mal", canta el blusero); Moreno parece preguntarse dónde está la libertad en tiempos de liberalismo.

En su película, Morán, encarnado por Daniel Elías, hace las cuentas: puede robar el banco donde trabaja, ir preso un tiempo y luego salir hacia la libertad, la libertad de no tener que trabajar nunca más. Román, compañero de laburo empujado a la complicidad, no está tan seguro: timorato, pareciera a lo largo de la película dudar entre abrazar la aventura de la libertad o regresar a su refugio urbano, a su pareja, a su laburo “de 9 a 5”.

Rodrigo Moreno toma la premisa de “Apenas un delincuente”, clásico del cine argentino de Hugo Fregonese: se estrenó en 1949, como para tener noción de cuánto tiempo lleva el cine nacional (que acaba de ganar el Oso de Oro en Berlín por un corto sobre arbolitos, “Un movimiento extraño”, de Franciso Lezama)preguntándose por el dinero, el vil metal. “¿De qué otra cosa podrían hablar los cineastas argentinos, que siempre hablan de dinero? Y al mismo tiempo: ¿qué podríamos ver en las películas sino, alternada y recurrentemente, los orígenes o los efectos de las crisis?”, escribió Sergio Wolf.

El realizador escribió esa cita en un libro sobre Fabián Bielinsky: sus dos películas -una de ellas ahora mismo en cartelera (“Nueve Reinas”, remasterizada a 24 años de su estreno)- hablan del dinero, y “El Aura” presenta un punto de partida similar a “Los delincuentes”. En el principio, hubo una fantasía: la de no trabajar más. Y para eso, hace falta dinero: Morán, como Darín, sueña un robo liberador. Un crimen que los salve de la trampa de la sociedad moderna.

Una trampa que me remite personalmente a Rosario Bléfari: la artista, que trabajó con Moreno en “Un mundo misterioso”, pasó la vida luchando por dos mangos para seguir haciendo música. Leer su “Diario del dinero” es desgarrador: llegó al final de su vida contando monedas e intentado salvar deudas, deuditas, en un juego que no se puede ganar, como el casino, como una carrera arreglada.

Quizás por eso la tragedia, contada con humor, de “Por una cabeza”, resuena tanto: el sueño de salvarse. “Mamita querida, ganaré dinero”, cantaba el pibe de “El sueño del pibe”, ese tango que tan bien cantaba Maradona. Como en “El Aura”, no quedaba claro si aquella canción mostraba un sueño de gloria que podía cumplirse o una fantasía juvenil, tan inútil como la del ludópata y amante empedernido de “Por una cabeza”.

El sueño siempre es el mismo: escapar. Huir de esa rutina aplastante. “El ocio dejó, hace muchísimos años, de estar en el centro de los problemas. Es tal la devastación, es tal la decadencia, que hablamos de tener un salario digno, porque los salarios son muy malos, pero no hablamos ya de generarle mayor ocio al trabajador, una vida libre, una vida ociosa. Reducir la jornada laboral ya es una utopía cuando era una lucha básica. En países como los nuestros prácticamente eso nadie lo propone. Ni hablar de reducir la semana laboral”, opinaba el año pasado Moreno, en diálogo con EL DIA.

El artista argentino, como Bléfari, como Moreno, no está exento: como plantea Wolf, también queda reducido a ese contar monedas. El ciclo que abre “Los delincuentes” tendrá también a “Trenque Lauquen”, película de la platense Laura Citarella producida por El Pampero, que en sus películas suele poner en primera plana las condiciones de producción: cómo seguir haciendo es una preocupación central del grupo. En “El escarabajo de oro”, de Alejo Moguillansky (realizador también de “Por el dinero”), se parodia el rebusque del cineasta local, aferrado al puñado de euros de las productoras extranjeras que, a cambio, piden un poco de miserabilismo latinoamericano. En “El ruido del tiempo”, libro sobre la compleja vida del vanguardista Stravinski bajo el régimen soviético, Julian Barnes cita al poeta ruso Yevgueni Yevtushenko: “En tiempos de Galileo, un colega suyo / no era un científico más estúpido que él. / Sabía muy bien que la tierra giraba / pero tenía también que alimentar muchas bocas”.

De sobrevivir se trata, también entonces para los artistas, reducidos por el peso del vil metal a meros escribas. Versiones de Sherezade, contando cuentos para llegar al próximo día. Enfrentados a ello, pareciera que Moreno y Citarella, como Morán, buscan escapar a la trampa en sus películas: el género, el crimen, es apenas un punto de partida en “Los delincuentes”, y mientras la vida de Román, el cómplice tímido, sigue una estructura narrativa más tradicional, un viaje que transforma para regresar al punto de partida, la deriva de Morán se va desatando de géneros, de expectativas, mientras su vida se va liberando (mientras la película misma se va liberando del mandato de eficacia y éxito que rodea el cine por estos meses).

En ese sentido, “Apenas un delincuente”, dice Moreno, “funcionó un poco como excusa, como disparador para expresar algo, para deformar la película y seguir hacia otras zonas diferentes, y de esa idea lo que me queda es la palabra libre o libremente: me interesaba hacer una película que circulara a partir de la idea de la libertad”.

El cierre de “Los delincuentes y el de “Trenque Lauquen” son en ese sentido similares: una fuga final que es un principio, la apertura hacia la incertidumbre. Dejando atrás todo, incluso el dinero (sobre todo el dinero), sus criaturas se van a naufragar, como soñó Tanguito. O como escribió Thoreau: “Fui a los bosques porque deseaba vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida… para no darme cuenta, en el momento de morir, de que no había vivido”.

 

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