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Javier Bardem: los débiles, objeto del mal

25 de Septiembre de 2013 | 00:00
ESCENA DE “SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES”, PELÍCULA QUE SE PROYECTARÁ ESTE SÁBADO, A LAS 22, EN THE FILM ZONE
ESCENA DE “SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES”, PELÍCULA QUE SE PROYECTARÁ ESTE SÁBADO, A LAS 22, EN THE FILM ZONE

POR AMILCAR MORETTI

Es un momento cultural de mixturas, exploraciones e incertidumbres creativas. Entonces por momentos se duda entre recomendar un interesante informe sobre el cine de Jean-Luc Godard (viernes 19,25, por Europa) que se presenta como más estimulante que una ficción promedio, como “Iron Man. El hombre de hierro”, que va el viernes a las 22 (Film Zone), o bien como “El hombre araña”, el lunes 30 a la misma hora (señal DXD), con Tobey Maguire. Aclaro: en la rutina de las reposiciones, tanto “Iron Man” con Robert Downey Jr. como “El hombre araña” son buenas películas. Son atractivos y sugerentes relatos, narraciones de interés y fino humor, como para encubrir tanta gravedad. Lo digo muy en serio.

Incluso imagino una “prueba de miradas” frente al cine: si se encuentra el aspecto serio de cualquiera de esos filmes, entonces ya están sentadas las bases para saber cuál y cómo es el “otro” cine, el buen cine, o el mejor cine… Siempre repito que las películas serias que llevan un cartel colgado que advierte: “Se trata ésta de una película seria” no valen, que hay que desconfiar de ellas. La inteligencia y la percepción sensible para el cine radica en saber advertir sin esperarlo el lado muy serio, hasta grave, de una película en apariencia solo “entretenida”. “Entretenimiento” es lo que “tiene” –lo que hay, lo que pasa- “entre” dos momentos en que se tiene en verdad algo. Algo así como la conocida observación entre irónica y desencantada de John Lennon: “Vida es lo que sucede cuando uno está ocupado en otra cosa”.

Los debiles no caben en Estados Unidos

No es porque todos sean “remasculinizados”, sino que el “modelo” funciona con tal grado de agresividad –brutal o no-, es tan impiadoso e implacable que los débiles son arrollados o, mejor, no cuentan. No están. De algún modo a eso se refería Videla, el ex dictador fallecido cuando dijo sobre las víctimas de la última dictadura militar algo así como que los “desaparecidos no son, no tienen entidad, son una entelequia (“¿platónica?”, cupo preguntarle si no fuese una cuestión tenebrosa y de altísimo riesgo, repleta de estiércol). Por eso están desaparecidos”.

“Sin lugar para los débiles”, puesto a elegir entre la uniformidad media de reposiciones, es tal vez la película saliente, la que merece ser vista otra vez, la que tolera aún (es del 2007) muy bien la revisión. Simboliza como pocas, en una historia imaginaria, el estado de situación, el espíritu de época y a la vez la estructura e identidad originaria de los Estados Unidos. Tal vez el paisaje, la extensión, el clima, los originarios habitantes y las corrientes inmigratorias, y de ahí la forma elegida y de algún modo determinada de antemano de relacionarse las clases sociales, de sobrevivir, de pasar la prueba del tiempo, de expandirse, de producir sin descanso (y sin sentido, que es –vale no olvidarlo al viejo Marx- el modo de producir característico del capital en acumulación incesante). Eso llamado alienación, fetiche de la mercancía, enajenación, como quiera mencionárselo.

Me parece que hay momentos históricos en que resulta más claro e indudable imaginar un sentido, y hay otras épocas en que la razón de “la cosa” (“The Thing”, recuerden la película y sus versiones) reside en no tenerla, en no poder imaginar un sentido totalizador que nos haga sentirnos “parte de un todo”, lo que produce estímulo y a la vez angustia en la búsqueda interminable. Hasta que se termina. Porque todo concluye, parece decir “Sin lugar para débiles”, sobre todo en ese “significante” que es Chigurt, el personaje delirante y enloquecido, desencadenado e incontrolable que interpreta Javier Bardem.

Chigurt es una escala superior del malvado. Es otra categoría del Mal. Es el Mal vuelto contra sí mismo, y en ese cuestionarse e interpelarse a sí mismo se reconvierte multiplicándose, sin límites. El llamado “Mal Absoluto”, la esencia del mal, el impenetrable e innombrable aroma del mal total, “multidisciplinario”. Es una condición de maldad tan concentrada que se teme a sí misma, se autodestruye y a la vez se recicla, y tiene inventiva y hasta humor, un humor corrosivo que desgrana, superior y vanidoso ante cualquier noción del bien, que a su lado siempre parece chica. Por eso es una maldad estructural e “identitaria” que tiene la contribución de territorios de expertos, como la ciencia y la religión.

El Mal no ha podido construir aún, creo, una filosofía, pero va en camino de ello. Hitler, en esa medida, es apenas un acontecimiento más, un hito sumatorio que a lo sumo tuvo la “gran virtud” de demostrar que el universo del infierno tampoco tiene límites. Y si no tiene límites significa una de dos cosas: que cada vez estará en expansión más inimaginada, o bien de que hasta él mismo desaparezca, se evapore como resultado de su propia acción. Lo cual significaría la Nada. Es decir, el Mal total. Es decir, Chigurt. “Sin lugar para los débiles”, sábado 28 a las 22, The Film Zone.

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