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Raúl Fortín

Su fallecimiento

La imprevista muerte de Raúl Fortín significó un duro golpe para la ciudad que perdió a uno de sus creadores más importantes y brillantes en el campo de las artes plásticas, en especial la ilustración y el humor.
Nacido en nuestra ciudad hace 61 años, supo mantener siempre la sabiduría del barrio junto a una riquísima cultura que adquirió en la ebullición de los años 60, de los que fue uno de sus exponentes. Estudió en la entonces Escuela Superior de Bellas Artes y era, como lo definió uno de sus alumnos, un virtuoso que supo disimular con maestría un defecto que hubiera sido una barrera infranqueable a su vocación plástica. Porque Raúl era daltónico, algo que muy pocos saben y que resulta impensable en un colorista brillante como él, lo que habla de su talento y su estatura plástica.
Fruto de una generación que hizo del compromiso social su bandera, su humor fue crítico, ácido y duro, pero esperanzador y abierto siempre a la posibilidad de un mundo mejor. Integró en lugar de privilegio el staff de la revista "Humor" en sus mejores momentos y luego fundó "Humi", para la misma editorial, uno de los trabajos que más lo enorgulleció porque rompió con el modelo de dibujo infantil de la época. Fue creador de recordados personajes.
En la revista Humor dibujó para mayores y como recordó en una nota publicada en nuestro diario, "eran épocas de silencio y había que simbolizar para poder expresar cosas que no se expresaban, lo que representaba un gran desafío. Y en esa simbolización las tiras con animales, como Bosquivia, tenían una función importante. Aparecía un nuevo estilo de dibujo que apuntaba a la fealdad de la época".
Dibujante premiado desde tiempos de estudiante, Fortín fue también poeta y perteneció a la generación del 60 con su grupo "Los elefantes", en donde expresó su rebeldía y la necesidad de lenguajes nuevos.
Ligado al barrio, profundamente platense, sintió melancolía de su ciudad, de los domingos en la cancha de 60 y 118 viendo a su Gimnasia y junto a su esposa y a sus dos hijos, a los que adoraba, se radicó de nuevo en La Plata. Volvió a la rueda de viejos amigos, se convirtió en maestro volcando su experiencia con generosidad, pero el mundo que lo rodeaba ya no era el mismo como aquél que le permitió acunar sueños. Sumamente sensible y quizás por eso y como defensa, humorista, se quejaba de su trabajo como "creativo gráfico", porque "la mano del hombre va desapareciendo cada vez más". Y él era un virtuoso de su oficio, un hombre que gozaba de su metier, haciendo, pariendo cada obra y cada personaje, algo que la técnica a la que supo apelar, no le proporcionaba. Ahora ya no está, no seguirá combatiendo con las armas de su humor y de su arte, pero esa lucha seguirá en sus discípulos y en su mujer y sus hijos, a los que amaba profundamente.

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