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"El sonido de los tulipanes" La historia argentina como un policial negro

Se estrenó en cines porteños la nueva película de Alberto Maslíah que, protagonizada por Pablo Rago y Calu Rivero, retrata la investigación de un crimen en la turbia Argentina del 2001

Alberto Maslíah tiene una filmografía muy ligada al documental: debutó como realizador con “Negro Che, los primeros desaparecidos” en 2006, y tras su primera ficción, “Schafhaus, casa de ovejas” (2010), trabajó solo con el cine de lo real, firmando los documentales “El último quilombo” (2012), “Yenú Kade: Cristiano bueno” (2015) y “En el cuerpo” (2018). Pero el jueves llegó a los cines porteños con su primera ficción en casi una década, “El sonido de los tulipanes”, un policial negro protagonizado por Pablo Rago y Calu Rivero.

“Me considero un realizador de cine: uno habla con un idioma, el lenguaje del cine, y eso se puede aplicar a la ficción y al documental, aunque es cierto que son formas de producción muy distintas”, revela Maslíah en diálogo con EL DIA, y cuenta que en los albores de su carrera como director “quería hacer ficción, venía de la actuación, y el documental fue una excusa para comenzar a hacer mi camino. Y después me atrapó”.

Maslíah señala sin embargo que ficción y documental son vehículos que dan forma a sus inquietudes habituales como artista, particularmente a la cuestión de la identidad, que vuelve a aparecer en su filmografía en esta película que retrata no solo lazos filiales sino identidades e ideas generacionales y la brecha entre los padres que fueron jóvenes en los 70, la generación de los 90 y la juventud de hoy.

Todo, en el marco de un policial: la historia, ambientada en plena debacle del 2001, gira en torno a Marcelo (Rago), un escritor devenido en periodista, debe volver sobre los últimos pasos de Tonio, su padre misteriosamente muerto (Roberto Carnaghi), un consagrado intelectual de quien se encuentra profundamente distanciado cuando muere en condiciones extrañas.

De la mano de Carolina (Rivero), la ex secretaria de su padre, Marcelo se sumerge en un mundo oscuro, lleno de violencia y ambiciones de poder, en busca de las causas y autores del asesinato de su padre.

Y en este camino hacia el abismo oscuro del pasado de su padre y del país, la película revela los lazos, las prácticas económicas e ideas que unieron los años de la última dictadura militar con el neoliberalismo previo al estallido social.

“La película nació porque tenía ganas de hacer un policial, pero quería que no fuera alguien buscando resolver un crimen, quería que fuera más profundo”, explica el realizador, que tomó la estructura del policial negro para retratar aquella Argentina del 2001, buceando en el negocio de la basura y las contradicciones de la generación del 70, entramado que atraviesa la historia de padres e hijos.

Y como todo policial negro, al frente está el antihéroe de Rago, periodista, amante y padre desprolijo, con cierta resignación en la mirada, una resignación marcada por esa historia con su padre. “Involucrado de forma totalmente involuntaria” en la investigación, se cruzará en su camino con la necesaria femme fatal, encarnada por Calu Rivero: juntos, bucearán en la mugre de la historia argentina.

“Es que la historia argentina es un policial negro”, se ríe Maslíah, “tiene estos componentes. No podés distinguir quién es el bueno y el malo, y eso divide aguas”.

La película retrata la Argentina del 2001, “pero es casi la Argentina de hoy: los personajes, las intrigas, los conflictos políticos aparecen hoy, como si la película estuviera ambientada ahora”, analiza el director. ¿Un mensaje político del filme para los tiempos que corren? “Te podría decir que si y quedamos como unos genios del marketing, pero no: está muy difícil estrenar, la película se podría haber estrenado hace un año, pero esperamos para tener mejores expectativas de estreno, Argentina siguió su devenir y ahora parece que la película transcurre en el país actual. Pero fue accidental, fruto de lo complicado que está estrenar, encontrar buenas condiciones”, relata.

De hecho, el estreno viene prometiéndose desde abril: Maslíah charló con EL DIA esperando que le confirmaran salas el mes pasado, pero finalmente el estreno llegó el pasado jueves.

Es que, como un pequeño policial negro, el sistema de distribución del cine parece arreglado: “Más allá de esta película, lo que pasa es que la gente no se entera del cine argentino: las salas tienen preacuerdos con distribuidoras, las distribuidoras grandes tienen acuerdos con las productoras grandes de Estados Unidos, y entonces se terminan estrenando solo algunas películas argentinas, para cumplir con la cuota, y en general de las productoras grandes nacionales”, analiza el director. “Es una cadena que hace que las películas medianas o las más chicas no tienen sala: aunque hagas publicidad en la calle, si no hay sala la gente no la puede ver. Es difícil: no se si quieren que exista ese cine”.

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