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Sin límites somos potenciales asesinos

Por ALBERTO NOFELL

Crimen. Rugbiers. Violencia. Noche. Alcohol. Descontrol. Jóvenes. Culpables. Responsables... Estas palabras se repiten hasta el cansancio tras el asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell. Y mientras cargamos todas las tintas contra los detenidos, cuya suerte definirá la Justicia, no vemos lo cerca de ellos que estamos o podemos estar...

Sí, seguro. La reacción natural es obvia: ‘yo no tengo nada que ver con esos criminales’; ‘mis hijos no son como estos patoteros que entre diez le pegan a uno’; ‘los rugbiers son violentos y están metidos en todos los líos’. Correcto.

Pero la idea es otra. De chico escuché cientos de veces cuando mis padres decían “dime con quién andas y te diré quién eres”. A los que peinan canas, esto les sonará muy familiar. Entonces, en medio de toda esta tragedia, se me ocurrió una variante: “decime cuáles son tus límites y te digo si podés ser un asesino en potencia”. Uhh, ¡qué extremista! ¿Sí?

Los límites son todo. Sin límites somos potenciales asesinos. Con límites, sin más, Fernando estaría vivo porque en lugar de patearlo en el piso mientras estaba inmóvil, los agresores hubiesen dicho ‘no, no le puedo pegar en la cabeza si está tirado, porque por ahí lo mato´. Y lo mataron, por no tener límites.

Por eso, esto no es exclusivo del grupito de rugbiers, ni de los rugbiers. Corre para todos nosotros. Y seamos honestos, pero en serio, sin cuentos: los padres de hoy, ¿ponemos límites o hace rato que soltamos la cuerda porque es más cómodo, porque cambiaron las épocas, y nuestros hijos hacen más o menos lo que quieren?
¿Se acuerdan de papá y mamá cuando nos ponían límites? ¿O de las maestras y los maestros en la escuela? ¿O del papá o la mamá de un amigo cuando estábamos en su casa? No era igual que ahora, ¿no?

Ahora el “no” se vuelve “ni” cuando el hijo insiste un poco. O en “sí”, sin mucha vuelta. O hay insultos y agresiones para la maestra que intenta educar si es muy estricta. Antes se aplaudía que tenga una línea de conducta, que desapruebe al que no estudió, que rete al que se portó mal, que valore al que hizo las cosas bien. Hoy, si desaprueba a alguien puede tener consecuencias. Y ni hablar si levanta la voz para marcar algo con firmeza. Bueno, todo esto nos está pasando factura.

De adolescentes, no se nos hubiera ocurrido volver borrachos a casa porque “cobrábamos”. Hoy, en muchas casas, no pasa nada. Jamás nos hubieran prestado el auto si suponían que íbamos a tomar. Hoy, en muchos casos, no hay problema porque papá y/o mamá toman y también manejan. Si hubiésemos hecho destrozos en un boliche, papá y mamá no nos hubieran protegidos. Seguro nos mandaban a pedir perdón y a buscar la forma de arreglar lo que rompimos. Hoy, en muchos casos, ‘si no te agarraron o no te filmaron, olvidate’.

Podríamos seguir con miles de ejemplos. Pero mejor pensemos en nuestra conductas diarias y vamos a encontrar respuestas a lo que nos pasa.
 

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