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Gerardo Romano: “El antiperonismo parió al peronismo”

Marca registrada de la escena nacional, asegura que pensar que la pandemia es un “contubernio del kirchnerismo para quedarse con el poder” es una clara explicación de porqué “la Argentina está donde está”, condenada a una contradicción histórica

Gerardo Romano: “El antiperonismo parió al peronismo”
María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

31 de Mayo de 2020 | 06:31
Edición impresa

Es lunes, feriado, pasadito el mediodía, y Gerardo Romano (73) pospone por quince minutos el llamado telefónico con EL DIA porque lo agarramos infraganti, con las manos en el manubrio, pedaleando hacia su casa. La excusa del llamado es para hablar sobre el potente filme del que forma parte junto a Jazmín Stuart y Esteban Bigliardi, “La fiesta silenciosa” de Diego Fried (ver aparte), que se estrena el jueves en Cine.Ar TV, pero la charla deriva en la actualidad, un terreno que al experimentado actor y también abogado le encanta explorar sin medias tintas, aunque también muestra su costado más vulnerable en el que confiesa su miedo a la vejez y su lejanía con el universo digital del que está siendo testigo “a los pellizcos” como hombre de otra generación, de la vieja guardia, al que no le seducen los cumpleaños por Zoom ni los contenidos on demand aunque él sea protagonista. Este año, por caso, espera el debut de “Maradona: sueño bendito”, la ambiciosa serie de Amazon en la que se pone en la piel del platense Carlos Ferro Viera, a quien define como “un consumidor de cocaína conspicuo, amigo y compañero de consumo del mejor jugador de fútbol del mundo”.

-¿Qué hacías en bici? ¿En dónde andabas?

-Fui a comprar para comer, para compartir con mi compañera, y me fui en bicicleta porque voy en bicicleta a todos lados, todo el tiempo. Porque, como ha dicho el señor gobernador de la Ciudad de la Buenos Aires, Rodríguez Larreta, lo más seguro es la bicicleta.

-Y de paso te ejercitás...

-Fundamentalmente lo hago por eso. Además, me ahorro unos pesos de nafta y de transporte público, que ahora está complicado porque tenés que ir parado, y no es tan seguro. Así que pura bici, a dónde sea. Pero no lo hago desde ahora, es algo que precede esta situación. Ahora se agudiza un poco por estas cuestiones del transporte. Pero desde que mis piernas no pueden caminar y mi colesterol pide actividad cardiovascular ando en bicicleta. Lo hago para compatibilizar porque el traumatólogo me pide que no le de trabajo a las piernas caminando y el cardiólogo me pide que le de actividad al torrente sanguíneo. Entonces, ¿cómo hago para que los dos especialistas no se peleen? Ando en bicicleta.

-¿Cómo estás atravesando la cuarentena?

-Con angustia, miedo, zozobra, responsabilidad. Con mucha preocupación por lo inédito o por lo previsiblemente dinámico. Porque cuando hablaban de la pandemia, empezaron a decir que no estábamos preparados, luego que teníamos que tomar medidas para prepararnos, luego que estábamos preparados pero que la pandemia no llegaba... entonces empezaron los muchachos de la “opo” a decir “pararon la economía al pedo porque no se muere nadie”, pero de repente se empezó a morir gente entonces ahora es “y, vieron, para qué pararon al economía si la gente se muere igual”. Entonces, la puta que lo parió, pónganse de acuerdo, ¿cómo es la cosa? Yo creo que sin la menor duda esto no puede ser un contubernio del kirchnerismo que ha planeado quedarse con el poder por encima de la instituciones y ha inventando mundialmente el tema de la pandemia. Porque, viste, la pandemia no la inventaron los chinos sino que fue Cristina porque es tan poderosa la yegua montonera que llamó a los chinos y les dijo “largame unos virus por ahí” (risas)...

“Antín me permite descubrir la quinta esencia de la argentinidad; y te lleva a pensar por qué un hijo de puta, cuando es simpático, genera tanta empatía”

 

-¿Qué pensás de este tipo de teorías?

-Creo que es una clara explicación de por qué la Argentina está dónde está, de por qué estamos viendo desde una óptica egoísta, clasista, egocéntrica, absolutamente individualista, meritocrática. Estoy leyendo un libro, deleitándome lentamente, porque hay una autorreferencialidad implícita para todas las personas que tienen mi edad y, sobre todo, mi derrotero político, que se llama “Aramburu”, de María O’Donnell, que plantea esa profunda contradicción histórica de los argentinos, en el contexto del nacimiento de Montoneros. Para muchos, es donde comienza la historia del peronismo, pero la historia del peronismo empieza con la patria y la historia del antiperonismo es anterior al peronismo. Porque el antiperonismo parió al peronismo, y no al revés. Por eso tengo esa necesidad de leer ese libro espaciosamente, degustándolo, porque en esa época era joven, militante del mundo de los 70 que relata la autora. En parámetros sexuales, este tipo de lectura sería un momento gozoso, un sexo soft, absolutamente tántrico. No como un chico, eyaculador precoz, sino como un viejo (risas).

-Hablando de la vejez, te escuché preocupado hace un tiempo por algunas situaciones de esta etapa de la vida en la que estás transitando...

-Me preocupa porque estoy empezando a recorrer la vejez pero es un tema que me preocupa desde antes. Vi morir a mi padre, a mi madre, a mi tía, a mis tíos, amigos. Algunos han envejecido, otros han muerto tempranamente, pero los que han envejecido han padecido las ignominias de la decrepitud, entre las que se contabilizan la soledad, el aislamiento, la discriminación. Que no son gratos y que no sólo me va a ocurrir a mí solamente sino a todos si tenemos la dicha de envejecer o la desgracia, depende de cuáles sean los avatares.

-¿Cuál sería el peor de los avatares?

-Si los avatares son que te emboque una pandemia, en un geriátrico de cuarta, en el que te han tirado como carne podrida para que envejezcas y mueras y no jodas a nadie, y en ese abandono van las cámaras de televisión a las 2 AM, te cagás de frío, salís saltando con las ruedas de la camilla repiqueteando sobre el adoquinado para que te metan donde no sé qué carajos, sin objetos personales, sin historia, con gente desconocida... Porque, ¿vos creés que la familia se levantó para acompañarlo en la ambulancia? Habrá dicho ‘no, yo pago un huevo, ocupense’. Esa sería la síntesis afectiva emocional de la vejez en el cuadro capitalista neoliberal. Ese es el lugar que nos da. La pandemia viajó de otra manera en los países orientales en donde el Estado tiene otro rol y la relación con los ciudadanos y los súbditos tienen otra dinámica.

-¿Cómo recibiste, en este sentido, el intento porteño de que los mayores de 70 deban pedir permiso para salir?

-Me pareció una medida espantosa. Rápidamente volvieron sobre sus pasos, apelaron a un amparo que tuvo lugar. Una desafortunada medida. Hacerlo por segmentos es de una enorme discriminación, estigmatización. Es una medida nazi envuelta en papel celofán que dice ‘nosotros te queremos cuidar, dejanos que te cuidemos, llamanos por teléfono’. Llamé por teléfono, nunca atendió nadie. ¿Qué voy a aceptar que un pendejo venga a mi casa, me robe, hurgue entre mis cosas y me vaya a comprar el pedacito de carne que yo quiero? No. Sarita, la vieja de la reposera, es un baluarte. Un ídolo.

-Hasta que llegó la cuarentena seguías ofreciendo funciones de “Un judío común y corriente”, en cartelera desde 2015. ¿Qué significa esa obra para vos?

-Iba por la sexta temporada y quería que sea más exitosa que las otras cinco, porque con esa me despedía. Es un espectáculo del que me enorgullezco porque la obra tiene algo similar a una misa, algo que yo necesito decir, algo que me gusta decir, temas importantes de la vida. Me resulta catártico, sanador, terapéutico. Y de repente fue sustraído de esa posibilidad en un exabrupto.

“Algunos amigos que han envejecido han padecido las ignominias de la decrepitud, que no son gratas y vamos a padecer todos, según cómo envejezcamos”

 

-Y también se frenó el rodaje de la cuarta temporada de “El Marginal”, de la que también sos parte con un personaje desopilante, Antín, el polémico director del San Onofre. ¿Te divierte interpretarlo?

-Sí, muchísimo, porque es como descubrir la quinta esencia de la argentinidad, ¿no? Es extraño cómo el personaje es aceptado y te lleva a pensar en por qué un hijo de puta cagador, cuando es un simpático, genera tanta empatía.

-¿Qué pensaría Antín de la liberación de los presos en el marco de la pandemia?

-Según de dónde reciba la plata (risas). Si la recibe del Pro, estaría dejando salir los presos para que la opinión pública crea que son los del Frente de Todos que están largando gente para armar a los presos y entrenarlos con los médicos cubanos que, en realidad, no son médicos sino guerrilleros que trabajan para Fidel Castro. Y si la plata se la pagase el Frente de Todos, estaría desparramando la pandemia dentro de la cárcel para que se pudra todo y mandar a la Sub 21 para poner orden en el penal (risas).

-Para este año, aún sin fecha, Amazon anunció el estreno de “Maradona: sueño bendito”, la serie en la que te ponés en la piel de un platense, Carlos Ferro Viera. ¿Cómo fue esa interpretación?

-Carlos Ferro Viera era en la historia con Diego Maradona, si hubiera que definirlo, un consumidor de cocaína conspicuo, amigo y compañero de consumo con Diego Armando, el mejor jugador de fútbol del mundo. Y mi participación describe ese mundo: el compincherío y todos los avatares que pueden implicar el descontrol en el consumo de una droga tan psicoactiva como es la cocaína y tan modificadora de la conducta, que tantos vericuetos tiene para los consumidores exigentes, exagerados.

“Ferro Viera era un consumidor de cocaína conspicuo, amigo y compañero de consumo de Maradona, mejor jugador de fútbol del mundo”

 

-¿Hablaste con él?

-Sí, porque él en una nota había expresado el deseo de que yo hiciera el personaje con la mayor verdad, coherencia, que pudiera tener, y que tenía la esperanza que así sea porque él estimaba que yo era una persona honesta y respetuosa. Entonces me ocupé de contactarlo, él me llamó, nos encontramos, vino a verme al teatro, fuimos a comer, a tomar, a charlar. Fue interesante, claro, porque para un actor que hace un personaje viviente, tener interacción con el personaje, es de una riqueza enorme.

-¿Te condicionó ese encuentro a la hora de interpretarlo?

-No, no. El sabe que yo voy a hacerlo sin cortapisa, también sabe que es un libro de televisión y que hay un autor y que ellos ya escribieron la historia, en contacto con él mismo, que ha contado la historia. Así que yo no voy a contradecir eso. Y si hubiera algo que me provocase dudas lo hablo con el director, obviamente. Y si me provocase más dudas, lo llamo a Carlitos Ferro Viera y le preguntaría. Pero no pasó.

-El jueves se estrena “La fiesta silenciosa”, en la que le das vida a León, un padre dispuesto a hacer todo por proteger a su cachorra...

-En realidad está dispuesto a hacer todo por hacer su voluntad. Y su cachorra es su voluntad suprema. León es un personaje bastante lineal, bastante simple. Cuando uno es dogmático, cuando tiene una religión, cuando impone sus creencias, cuando no acepta la diversidad, tiene una linealidad que permite cierto foquismo en su cotidiano, el cual es bastante simple su coherencia y la transversalidad de su conducta.

-Es una peli chica pero parece enorme, ¿cómo fue ser parte de esa experiencia?

-Es una película que se hizo en 15 días pero que no parece. Está buena. Fue todo muy fluido. El director, Diego Fried, es muy empático, y esa empatía deriva de una armoniosidad que irradia él y convierte en recíproco en toda la gente de un equipo, un mundo, la filmación, en la cual el director siempre es Dios. Así que las reglas las pone él. Y fue todo muy fluido. Sabía lo que quería y cuando el director sabe lo que quiere, se siente seguro y transmite esa seguridad y genera un clima que acompaña en todo el proceso.

-Por la cuarentena, el filme se saltea los cines y se estrena en Cine.Ar, una plataforma digital. ¿Cómo vivís el estreno en estas circunstancias?

-Mirá, desconozco ese mundo. Yo siempre me acuerdo que mi papá nació con el tranvía, nació sin el avión, nació sin la televisión, sin la energía nuclear, sin la penicilina, nació sin tantas cosas... y después llegó a pellizcar unas cosas modernas de últimas. Yo, esta de la tecnología digital, la estoy agarrando de última, no estoy en mi mundo. Anoche tenía un cumpleaños de una amiga, que quiero mucho, que lo hacía por Zoom, y cuando llegó el momento dije “¿qué voy a apretar para ver por el teléfono la carita de alguien?”. No es algo que ocurra naturalmente, soy de la vieja guardia.

 

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En “La fiesta silenciosa”, que llega el jueves a Cine.ar TV, Gerardo Romano es León, un padre vengador

En “El marginal”, Romano es Antín, el polémico director del penal

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