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OPINIÓN

Huelgas docentes en el colapso de la educación

Huelgas docentes en el colapso de la educación

Por MARIANO NARODOWSKI (*)

Las huelgas docentes no solucionan los problemas que las provocan. Después de décadas de experiencia acumulada, eso está claro.

Pero la constatación de la poca utilidad de este mecanismo de protesta es apenas un diagnóstico de una situación muy grave.

Primero, porque los problemas son concretos, existen: bajos salarios; una carrera docente burocratizada basada en la antigüedad; el mal estado de los edificios escolares, por solo mencionar algunos factores, son realidades que nadie es capaz de discutir. Y son factores que también inciden en la calidad de la educación.

Segundo, porque nadie puede asegurar que estos problemas salariales o de infraestructura se resolverían sin huelgas. Al contrario, en la provincia de Buenos Aires se constata que a más días de paro, las condiciones salariales tienden a mejorar y aunque no empaten a la inflación, están más cerca del objetivo que en las provincias donde no hubo paros docentes.

Las consecuencias no sólo son las pérdidas de días de clase (que se pierden por muchos otros motivos, además de los paros). Lo más grave es la pérdida del ritmo escolar y los hábitos que hacen a la responsabilidad personal por el estudio.

Frente a esto, los sectores medios y altos mandan a sus hijos a escuelas privadas en la medida que sus finanzas se lo permitan. Una solución ilusoria que contribuye a deteriorar a la escuela pública y aumenta la segregación socioeconómica.

Lo único que está claro es que las dirigencias políticas y sindicales no están a la altura del conflicto.

Una huelga docente no es un modo posible de resolver los malos trances, como ocurre en otros países, sino el preanuncio de lo que vendrá: en la Argentina, una huelga docente preanuncia otra huelga docente y otra y así de seguido. Es el colapso de la educación argentina.

 

(*) Prof. Univ. Torcuato Di Tella

 

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