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A una semana del crimen de Silvia Ricci

Al asesino “psicótico” de la calle 29 ya lo comparan con Hannibal Lecter

Los psiquiatras concluyeron que es “extremadamente peligroso” y sólo podría comparecer ante la Justicia “atado y enjaulado”

La casa de 29 entre 59 y 60 donde Juan José Tito Ojeda mató a puñaladas a su vecina Silvia Ricci / Roberto Acosta

El acusado fue detenido con la misma ropa con la que mató / EL DIA

Por: Enrique Russo
erusso@eldia.com

Juan José “Tito” Ojeda, se presume que es ciudadano peruano de 34 años, fue detenido por el demencial ataque -el 5 de este mes- a puñaladas contra Silvia Ricci (61), la vecina con quien compartía la medianera en la cuadra de 29 entre 59 y 60. Fue trasladado a la Unidad Nº 34 de Melchor Romero y abrió un debate en la Justicia sobre un supuesto vacío legal para afrontar casos como éste, en el que el sospechoso, que para los psiquiatras forenses de Tribunales es “extremadamente peligroso para sí y terceros”, no está en condiciones de salud mental de afrontar un proceso.

El atacante fue internado en esa Unidad para tratamientos de enfermos con cuadros psiquiátricos por orden del fiscal de Crimen de La Plata Juan Mennucci, con intervención del Juez de Garantías Juan Pablo Masi, luego de evaluar los informes de la Asesoría Pericial.

El caso es analizado por expertos de Tribunales y es uno de los más comentados en los pasillos, donde hasta han llegado a comparar a esta persona con Hannibal Lecter, el personaje central de “El silencio de los inocentes”, por la peligrosidad, que hace pensar que sólo podría comparecer ante la Justicia atado y enjaulado como en la película que protagonizó Anthony Hopkins.

En el informe pericial se concluye que es imposible obtener datos sobre su persona debido a su estado psíquico. Se infiere que su familia vive en la ciudad de Cuzco (Perú), de donde sería oriundo. Comenta que es estudiante de medicina. Que es tratado por una psiquiatra y aporta el nombre de la medicación que toma.

“Se presenta -se agrega- ante los peritos con aspecto desprolijo, desalineado, desorientado en tiempo y espacio. Brinda escasa información sobre sus datos personales. No es posible evaluar su memoria por el estado mental en que se halla. Se infieren alucinaciones auditivas, visuales y cenestopáticas (trastorno de la sensibilidad interna, con cuadro de sensación corporal anormal, más molesta que dolorosa), congruentes con ideas patológicas. El lenguaje es por momentos de tono alto, por otros de ritmo normal, y abundante, con utilización de neologismos”.

También se dictaminó que su pensamiento es “severamente disgregado e incongruente, con ideas delirantes de tinte paranoide, místicas y megalómanas. Su afectividad es timia, displacentera, con irritabilidad y desconfianza. No presenta conciencia de enfermedad ni de situación. Su comprensión de la realidad se halla severamente comprometida. El juicio crítico se encuentra desviado”.

“Cuadro psicótico, caracterizado por ideas delirantes, fenómenos alucinatorios, pensamiento incoherente y desorganizado, pérdida del contacto con la realidad y severa afectación del juicio crítico. Esto lo torna peligroso para sí y para terceros con riesgo inminente de comportamientos desajustados. Se recomienda urgente internación para evaluación y tratamiento en un establecimiento psiquiátrico especializado”, se aseguró en el informe de los expertos.

En base a estas conclusiones de los expertos de la Asesoría Pericial de Tribunales, Ojeda fue trasladado a la Unidad 34 de Melchor Romero. Allí se le realizará un tratamiento para ver si se logra obtener un intervalo lúcido como para hacerlo comparecer ante la Justicia.

No obstante eso, en la investigación se busca establecer por estas horas el cuadro de situación preexistente al crimen, con las actividades que desarrollaba Tito Ojeda. Está en proceso de chequeo su condición de alumno de la Facultad de Medicina de la UNLP sobre la que se informó el sábado de la semana pasada.

Según informó una fuente de la investigación, el detenido comparte la casa con otros jóvenes de nacionalidad peruana que cursarían en esa unidad académica. La vivienda funcionaría como una pensión para estudiantes de Perú, regenteada por un hombre de esa misma nacionalidad que por estos días está en aquel país. Ese hombre es buscado.

La familia de la víctima se presentó en la fiscalía porque “quiere saber quién estaba al cuidado de este peligroso hombre, cómo lo dejaron solo con semejante locura”, señalaron fuentes judiciales.

A Ricci la sorprendió la violencia en momentos en que organizaba las vacaciones. Mientras ella hablaba en la puerta de la casa situada en el 1.323 de la calle 29, donde vivió durante varias décadas con su esposo, Eduardo Canalini (un conocido comerciante de La Loma), daba los últimos pasos en la tarea de cargar el auto para iniciar un viaje.

Al momento de su captura, Ojeda estaba abrazado a un rottweiler, que debió ser neutralizado

 

En la fiscalía se dio por acreditado, en base a las pruebas obtenidas hasta el momento, que ese día, cerca de las 15, cuando Ricci estaba en la vereda de su casa conversando con su esposo, se acercó su vecino, en forma lenta y “de repente e intempestivamente”, atacó a la mujer con seis puñaladas en tórax y abdomen, que le produjeron la muerte en pocos minutos, explicaron voceros judiciales.

Sin bien al comienzo de la investigación se especulaba con que el tremendo ataque habría sido el corolario de una supuesta discusión por basura en la vereda, lo cierto es que no hay ninguna evidencia sobre ello, y ahora, a la luz de los informes de los expertos psiquiatras, se cree que el ataque fue producto de alguna alucinación que habría tenido Ojeda.

El profesional que lo atendió horas después de ser detenido en el hospital San Martín ya había adelantado esa situación. “Ojeda presenta alucinaciones auditivas complejas que movilizan su conducta, despliega espontánea y parcialmente con contenido místico, megalómano y paranoide, con movilización afectiva y conductual, irritable y con juicio desviado”.

En la causa un testigo revela que el marido de la víctima llevó el cuerpo de su mujer, bañado en sangre y sin reaccionar a su casa, mientras el atacante, inmutable, seguía intentando ingresar a la propiedad de sus vecinos. No lo logró porque el esposo de Ricci cerró de inmediato con llave el portón de ingreso”.

También expresó que Ojeda nunca dijo nada, actuó como un robot, apuñaló repetidas veces, sin emitir ningún sonido.

En la causa se explica que este atacante, morocho, pelo negro, peinado medio revuelto, ojos oscuros, que al momento del hecho vestía una remera azul francia, un short oscuro y ojotas, siguió con su accionar y al no poder ingresar a los de su vecinos se fue a su casa.

Allí fue detenido cuando estaba junto a un perro rottweiler, que tuvo que ser neutralizado por empleados del zoológico platense. Ojeda lo tenía en sus brazos.

Se lo sacaron y luego el hombre fue apresado. Y siguió sin decir nada, como si no hubiera pasado nada.

 

 

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