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El entendimiento promete mayor acceso a los mercados, reducción de aranceles, reglas estables y un marco de previsibilidad para el comercio y las inversiones
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Tras más de 25 años de negociaciones, el entendimiento preliminar entre ambos bloques es leído como una señal estratégica positiva para el país. Promete más acceso a mercados, reducción de aranceles, reglas estables y un marco de previsibilidad para el comercio y las inversiones.
Tras más de dos décadas de idas y vueltas, el Mercosur y la Unión Europea dieron este viernes un nuevo paso hacia la concreción de un acuerdo comercial biregional. Aunque se trata aún de un entendimiento preliminar —luego de intentos anteriores que no prosperaron—, el consenso alcanzado, con el respaldo final de Italia y pese a la oposición de Francia, es considerado una señal positiva para la Argentina en términos estratégicos y económicos.
Especialistas en comercio internacional destacan que el acuerdo abre oportunidades relevantes para el país, en línea con lo planteado en el entendimiento alcanzado en 2019 y retomado en los últimos años por distintas gestiones. Entre los principales beneficios se mencionan el acceso preferencial a uno de los mercados más grandes del mundo y la posibilidad de atraer nuevas inversiones europeas en sectores clave como la agroindustria, los agroalimentos, la minería y la energía.
Marcelo Elizondo, presidente de la International Chamber of Commerce (ICC) en la Argentina, sostuvo que el acuerdo “cambiará la matriz del Mercosur”, al tratarse del primer gran tratado comercial integral del bloque sudamericano. Por su alcance territorial, además, se perfila como uno de los acuerdos comerciales más grandes del mundo. Hasta ahora, recordó, el Mercosur había logrado solo acuerdos parciales o de menor escala, principalmente con países vecinos.
El Gobierno argentino celebró el entendimiento luego de haber priorizado, en el último año, la búsqueda de un acuerdo comercial con Estados Unidos, que fue anunciado pero aún no firmado. En ese contexto, el canciller Pablo Quirno afirmó en la red social X que el 17 de enero, en Paraguay, se firmará “un acuerdo histórico y el más ambicioso entre ambos bloques”, tras más de 30 años de negociaciones.
Complementariedad económica y contexto global
Quienes siguen de cerca el comercio internacional coinciden en que el acuerdo Mercosur–UE resulta particularmente beneficioso para la Argentina por la complementariedad entre ambas economías. Además, subrayan que no implica darle la espalda a China, con la que el intercambio comercial creció de manera exponencial en los últimos años. El propio presidente Javier Milei afirmó recientemente que la relación con Estados Unidos no supone un abandono del vínculo comercial con el gigante asiático.
Un informe elaborado por la Usina de la Cámara de la Industria Aceitera Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC) define al acuerdo como una “ventana estratégica para la Argentina” en un mundo cada vez más cerrado, atravesado por tensiones geopolíticas, guerras comerciales y un progresivo debilitamiento del multilateralismo.
La Unión Europea es la tercera economía mundial, con unos 450 millones de habitantes y un ingreso per cápita promedio de 43.000 dólares. Importa productos agroindustriales por alrededor de 220.000 millones de dólares anuales, aunque la participación argentina en ese mercado es todavía marginal, cercana al 3%. El acuerdo apunta a revertir esa ecuación mediante acceso preferencial y reglas estables para el comercio bilateral.
Más acceso y menos aranceles
El pilar comercial del acuerdo establece que el 99,5% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur contará con beneficios arancelarios en la Unión Europea. Para la Argentina, esto implica la eliminación inmediata o gradual de aranceles para una amplia gama de productos clave, entre ellos soja y derivados, carnes, vinos, biodiésel, economías regionales, pesca, maní, frutas y alimentos procesados.
En el caso de los productos más sensibles —como carnes, arroz, etanol, lácteos y miel— se establecen cuotas arancelarias con volúmenes específicos. Un punto considerado estratégico es que la entrada en vigor del acuerdo será bilateral: el primer país del Mercosur que lo ratifique podrá utilizar el 100% de las cuotas asignadas al bloque hasta que se sumen los demás socios, lo que abre una ventaja concreta en términos de timing exportador.
Elizondo también señaló que el acuerdo podría facilitar alianzas entre pymes argentinas y europeas, ampliar el acceso local a bienes de capital y tecnología de origen europeo, y ofrecer a los consumidores argentinos una mayor variedad de productos de calidad.
Un ancla de previsibilidad
Más allá del comercio, el acuerdo tiene implicancias macroeconómicas y regulatorias. La Argentina se compromete a no aplicar restricciones cuantitativas ni sistemas discrecionales de exportación e importación con la UE, dejando atrás herramientas como las DJAI o los ROE, al menos en ese vínculo comercial.
Además, el país asumió el compromiso de eliminar los derechos de exportación para los productos enviados a la UE a partir del tercer año de vigencia, con excepciones acotadas. En el caso de la soja, las retenciones quedan topeadas y comenzarán a reducirse de manera gradual hasta consolidarse en un máximo del 14% al décimo año. Para los especialistas, esto convierte al acuerdo en un “ancla” que limita los vaivenes históricos de la política comercial argentina.
Ventajas sanitarias y ambientales
Otro beneficio destacado es el capítulo sanitario y fitosanitario, que fija plazos, procedimientos y mecanismos de consulta para evitar barreras arbitrarias. En un contexto de mayor endurecimiento regulatorio europeo, la Argentina gana previsibilidad y un canal institucional para resolver conflictos, mejorando su posicionamiento frente a competidores extra-regionales.
Por primera vez, la Unión Europea acepta diálogos específicos en materia de biotecnología e inocuidad alimentaria, un punto sensible para la producción agroindustrial argentina. El acuerdo también incorpora compromisos laborales y ambientales, reafirma el Acuerdo de París y busca evitar medidas ambientales unilaterales. Aunque la UE mantiene su agenda verde, se evitó una referencia directa al reglamento europeo sobre deforestación, uno de los aspectos más controvertidos para el Mercosur.
En materia de propiedad intelectual, la Argentina reconoce 355 indicaciones geográficas europeas, mientras que la UE acepta 220 del Mercosur, de las cuales 104 son argentinas. Si bien este punto generó resistencias, se acordaron períodos de adaptación y excepciones para productores preexistentes.
Hoy, la Unión Europea es el segundo socio comercial del Mercosur y su principal inversor externo. Para la Argentina, el acuerdo no solo amplía mercados, sino que ofrece previsibilidad, reglas consolidadas y una plataforma para integrarse a cadenas globales de valor en un escenario internacional cada vez más fragmentado.
En síntesis, el acuerdo Mercosur–UE aparece como un posible punto de inflexión: no resuelve por sí solo los problemas estructurales de la economía argentina, pero redefine el marco externo en el que el país puede volver a crecer exportando, con especial impacto en la agroindustria y en la relación con uno de los principales bloques económicos del mundo.
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