La cena de Estado ofrecida por Donald Trump en honor al rey Carlos III y la reina Camilla fue mucho más que un encuentro diplomático: se convirtió en una experiencia sensorial donde cada plato buscó contar una historia de tradición compartida y elegancia contemporánea.
El menú, cuidadosamente diseñado bajo la supervisión de Melania Trump, comenzó con una delicada velouté de verduras de huerta. Sedosa y aromática, se combinó con corazones de palmito frescos, echalotes tostados y un toque de menta que aportó frescura y contraste. Un inicio sutil, pensado para abrir el paladar con equilibrio.
El segundo paso elevó la propuesta con ravioles de hierbas de primavera hechos a mano, rellenos de ricota cremosa y acompañados por morillas (hongos silvestres) de sabor profundo. Una ligera emulsión de parmesano terminó de redondear el plato, resaltando la frescura de los ingredientes y la impronta artesanal.
EL PLATO PRINCIPAL
Como plato principal, el protagonismo fue para el clásico lenguado de Dover a la meunière. Preparado con precisión, el pescado se bañó en manteca tostada con notas de frutos secos y se sirvió junto a un pavé de papas, arvejas dulces y rampas de primavera (una especie de puerro). El conjunto se completó con un vibrante aceite de perejil que aportó color y un toque herbal.
El cierre dulce no se quedó atrás: un refinado crémeux de miel de la Casa Blanca y vainilla acompañó a un gâteau de chocolate sin harina, presentado en forma de colmena. El postre se completó con un bizcocho joconde de almendras y helado de crème fraîche, logrando un equilibrio entre intensidad y suavidad.
La experiencia se acompañó con vinos seleccionados para destacar la vitivinicultura estadounidense, mientras que la música de bandas militares aportó solemnidad al ambiente. Flores de cerezo, lilas y detalles en verde, blanco y dorado transformaron el salón en un guiño a los jardines ingleses.
Así, entre sabores refinados y símbolos cuidadosamente elegidos, la velada buscó celebrar una relación histórica que, más allá de las tensiones actuales, sigue encontrando en la mesa un terreno común.
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