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ESTO QUE PASA

Interrogantes de otra medida con el sello de Moreno

MORENO, IDEÓLOGO DE UN NUEVO EXPERIMENTO: LA TARJETA ÚNICA PARA LOS SUPERMERCADOS
MORENO, IDEÓLOGO DE UN NUEVO EXPERIMENTO: LA TARJETA ÚNICA PARA LOS SUPERMERCADOS

Por PEPE ELIASCHEV

Twitter: @peliaschev

Una vez más, cabe la pregunta: ¿es en serio o es un apriete más? El trascendido de que el Gobierno quiere que los supermercados sólo reciban pagos de una tarjeta de crédito estatal sacudió el fin de semana, tras la poco comprensible visita de la Presidenta de Caracas. Vocero de la decisión de Cristina Kirchner fue Guillermo Moreno, que el viernes notificó que el comercio que adopte la tarjeta oficial emitida por el Banco Nación no podrá operar con otras tarjetas, como las populares Visa y MasterCard, por ejemplo. Además: ¿no gustaba la sopa? ¡Más sopa! El congelamiento de precios seguirá hasta las elecciones de octubre en la que el cristinismo se juega su aspiración de una re-reelección presidencial en 2015.

ORDENES

Moreno decretó (a su manera, sin dejarlo por escrito, solo anunciándolo locuazmente) que pondrán en vigencia en las próximas semanas una tarjeta de crédito estatal para ser usada en los principales puntos de venta, ya sea grandes cadenas o supermercados “chinos”. La avanzada oficial es muy audaz y ambiciosa: la tarjeta sería de uso excluyente. Quiere decir que cuando un negocio se asocie a ella, no podrá trabajar con otras tarjetas, entre las que se hallan las más populares del mercado que emiten los principales bancos. ¿Podrán hacerlo?

El Gobierno ha llegado a la conclusión de que la inflación daña, y -sobre todo- le hace daño

El Gobierno ha llegado a la conclusión de que la inflación daña, y -sobre todo- le hace daño. No la mencionan, ni al combaten como corresponde, pero su guerra discurre por canales heterodoxos. El ataque contra Visa y MasterCard es contra los bancos, cuya rentabilidad en el negocio de las transacciones con plástico es, según la Casa Rosada, excesiva. Juzga Moreno que lo que para él son tasas altas contribuyen al incendio inflacionario.

PLÁSTICOS

Circulan en la Argentina unos 27 millones de plásticos, emitidos a unos 1,8 millones de usuarios. Más de la mitad de ese total son las emitidas por la franquicia Visa. ¿Podría el Gobierno sacar de la competencia tamaña masa en el corto plazo? ¿Es tarea de un Estado emitir tarjetas de crédito excluyentes de las emitidas por firmas privadas? ¿Está el Banco Nación que preside Juan Carlos Fábrega (un astuto profesional mediáticamente “mudo”) en condiciones de procesar tamaño tsunami crediticio en corto plazo?

La experiencia indica que el Gobierno es experto en anuncios y extremadamente chapucero en concreciones, como lo ejemplifica la famosa tarjeta SUBE, prometida por Cristina Kirchner en 90 días y que llevo tres años poner en funcionamiento. Lo de la tarjeta única del Banco Nación está pensando para las elecciones, par a las que faltan apenas ocho meses.

APUROS

Sería muy improbable que llegaran a tiempo. Pero, de nuevo, ¿lo anunciarán en serio o es un vulgar mensaje para que los bancos bajen las tasas de intereses? En el Gobierno el voluntarismo más pedestre se asocia con la discrecionalidad más autoritaria. Ni consultas, ni consensos: Moreno se maneja con las empresas como un sargento con un pelotón. Ordena y manda.

Para las tarjetas de crédito rige una comisión máxima del tres por ciento fijada por ley. Moreno sueña con que esa tasa sea del uno por ciento. Su hipótesis; el comercio derivaría ese alivio a una menor presión sobre los precios.

El nuevo plástico estatal arrancaría a fines de marzo, pero nadie imagina cómo haría el Gobierno para consumar semejante decisión en un plazo tan absurdamente breve.

OFENSIVA

El Gobierno viene ocupando espacios de la economía privada a paso redoblado. En plano verano, en nombre de Cristina Kirchner, se ordenó a los supermercados que congelaran sus precios hasta el 1° de abril. Simultáneamente, el Gobierno ordenó que los supermercados y las grandes cadenas de electrodomésticos renunciaran a hacer publicidad en los diarios que se editan en la capital federal. Ni el finado Hugo Chávez se animó a tanto. En la Argentina, en cambio, todos aceptaron en silencio y acataron.

Las evidencias revelan que, lejos de cualquier racionalidad, el Gobierno no tiene el menor interés en abordar el tema inflacionario abocándose a sus causas reales. Nadie ignora que si el congelamiento de precios se perpetúa, habrá un inexorable incremento del desabastecimiento de productos. Analgésico fulminante, sus efectos se disiparán rápidamente, si no forma parte de una estrategia abarcadora y sólida. Tal plan hoy no se ve por ninguna parte. Lo que sí se ve es a un gobierno recurriendo a medidas espasmódicas y apelando a soluciones mágicas.

El dogmático libreto setentista de Moreno, al que adhiere la Presidenta, le impide ver que la aguda inflación argentina proviene y es consecuencia directa del más negativo resultado fiscal desde que llegó al poder en 2003, problema grave al que lo trata de apaciguar emitiendo papel moneda.

Una de las muchas realidades que la retórica oficial omite o desnaturaliza es que si la ocupación ha crecido es porque ha sido el Estado quien ha aumentado su tamaño, absorbiendo gente a raudales, además de inyectar subsidios y planes sociales. Pero eso no es empleo genuino, eso es asistencialismo.

La dolorosa paradoja es que, si por un lado, lo que se produce en el país no alcanza en cantidad y calidad para satisfacer la demanda interna en muchos rubros, por el otro, Moreno prohibe muchas importaciones y las que autoriza lo hace con minuciosa mezquindad de comisario burocrático. ¿Qué pasaría si él no estuviese en funciones? Es válido el incisivo interrogante que se hace Jorge Oviedo (La Nación, 9 de marzo de 2013), “¿Por qué Moreno, que ha fracasado una y otra vez, sigue ensayando sus torpezas, sus bravuconadas, desplegando su dañina ignorancia?”.

Esa “dañina ignorancia” parece una marca registrada de los avatares intervencionistas, como los que Chávez protagonizó al frente de Venezuela durante largos años. En medio del éxtasis funerario de sus exequias esta semana, la Argentina se colocó nuevamente al lado y en apoyo de una mecánica de gobierno y gestión que revelan que Venezuela es en realidad uno de los fracasos más estentóreo del mundo emergente.

Atiborrada de petróleo, hoy, como hace cuarenta años, Venezuela exhibe una cruel disparidad social

Atiborrada de petróleo, hoy, como hace cuarenta años, la nación sudamericana exhibe una cruel disparidad social y una dependencia total de ese producto para satisfacer todas las demandas. Es una sociedad que, tras casi 15 años de populismo desorbitado, no produce muchos de los alimentos que consume, ni ha reducido drásticamente la pobreza, como lo hubiera sugerido la disponibilidad casi infinita de su colosal océano subterráneo de petróleo, un crudo bendecido en el mercado por los más altos precios de la historia. Los indicadores son claros.

Si bien otros presidentes fueron a Caracas, como correspondía, para darle el adiós final a Chávez, la Argentina se mostró seducida y acrítica con un programa de gobierno que patrocina un estatismo crudo y anacrónico. En ese cuadro de honor, entra en escena la pesadilla de la tarjeta de crédito única manejada por el Estado. Pero Moreno no es una mera anécdota, pintoresca y risueña. No lo es hoy, ni lo ha sido desde 2003. Sus ideas, procedimientos y caprichos como funcionario todo terreno desde el primer día, expresan con extraordinaria fidelidad a un gobierno que, al conocerse la muerte de Chávez, elucubró públicamente que había sido asesinado. Bienvenidos al siglo XIX.

www.pepeeliaschev.com

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