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EDITORIAL

Reina la imprevisión a la hora de encarar obras en la vía pública

Todo vuelve a indicar que la experiencia acumulada en lo que se refiere a los trabajos que realizan distintas empresas en la vía pública -en especial cuando lo que se ejecuta son tareas de mantenimiento o de reparación de redes de servicio- no alcanza para que, de una vez por todas, se adopten medidas racionales que impidan la desorganización y los daños que sobrevienen por la falta de previsión para realizar esas tareas. Ello al margen, desde luego, de emergencias imposibles de prever.

Ahora el problema se presentó en el microcentro de la Ciudad, concretamente en la vereda de 8 entre 46 y 47 que, días atrás, había quedado en perfectas condiciones luego de que cuadrillas de la Municipalidad encararan la reposición de baldosas faltantes y rotas. Sin embargo, anteayer la desilusión ganó a vecinos y comerciantes de la cuadra, al ver que operarios de Edelap rompieron la vereda para reparar un cable de baja tensión.

A grandes rasgos, puede recordarse que en nuestra ciudad, según informes oficiales, se registraron 54 pérdidas de gas en 18 meses computados por rotura de caños al realizarse distintas obras, mientras que la empresa Edelap debió atender en un año unas 250 reparaciones de cables subterráneos, a partir de roturas causadas habitualmente por otras empresas de servicio al realizar tareas bajo las veredas.

Lo cierto es que, ya sea por negligencia o imprudencia, casi no pasa semana sin que operarios que trabajan con máquinas retroexcavadoras rompan algún caño y provoquen situaciones de riesgo o grandes contratiempos: desde fugas de gas hasta enormes pérdidas de agua, algo que, cada vez que ocurre, suele dejar sin ese vital servicio a barrios enteros. Está claro que en no pocas oportunidades son también los particulares los causantes de estos accidentes, al realizar tareas sin tomar la precaución de haber solicitado primero los planos de la zona, para conocer acerca del recorrido de las distintas cañerías. Estas conclusiones fueron analizadas años atrás en encuentros realizados en el Salón Dorado municipal, durante jornadas de capacitación en las que disertaron directivos y técnicos de empresas -entre ellos, de Camuzzi- que detallaron los pasos a seguir antes de realizar alguna intervención en la vía pública.

Siempre se ha reclamado desde esta columna que los organismos responsables de impulsar obras públicas procuren reducir al mínimo estas emergencias, advirtiéndose a las contratistas y a los vecinos acerca de los tendidos de redes preexistentes en los lugares en los que se realizarán trabajos. Para ello se cuenta con los planos respectivos y, si no existieran en determinados casos, debiera ordenarse la confección de esos documentos y antecedentes imprescindibles para encarar cualquier obra nueva.

También se le ha requerido a las autoridades responsables que se evite, a todo trance, la superposición de trabajos en la vía pública, planificándose con racionalidad la secuencia de las obras. La previsión y la racionalidad deberían formar parte de la programación de las obras públicas ya que, en cambio, concretarlas sin cumplir con esas condiciones, origina gastos improductivos para el Estado y perjudica a miles de vecinos.

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