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EDITORIAL

Debe asegurarse un mínimo de calidad en el servicio de Absa

En pocos veranos y tan calurosos como el actual, tantos barrios y localidades de la Región sufrieron las penurias propias de la falta absoluta de agua o de la baja presión en el suministro, en una situación que volvió a registrarse en las últimas jornadas caracterizadas por temperaturas agobiantes. Mientras tanto, como en una suerte de situación paradójica, pende sobre los usuarios la alternativa de que se oficialice una propuesta del Gobierno provincial, destinada a imponer un nuevo aumento de la tarifa del servicio de aguas y cloacas a cargo de la empresa Absa, que rondaría el 40 por ciento.

Son miles los vecinos de la Región sometidos al calvario de la falta de agua o la baja presión en sus domicilios. Puede decirse que no pasa un día sin que pobladores de distintos barrios reclamen por esas falencias.

Las últimas protestas provinieron de sectores de Gonnet, en donde los vecinos dejaron asentadas sus quejas a través de sucesivas notas dirigidas a la empresa distribuidora. El reclamo es unánime en lo que se refiere al contraste existente en el hecho de que los usuarios pagan puntualmente las facturas, mientras que el correspondiente servicio se hace desear en forma indefinida.

Las protestas que provinieron de la 508 entre 16 y 21 también se hicieron sentir desde 62 entre 28 y 29 o desde 52 entre 131 y 132, es decir desde puntos alejados de la Ciudad. En algunos casos los clientes de Absa señalaron que llaman por teléfono a la empresa, les toman el reclamo por un lado y les hacen escuchar un audio donde dicen que están trabajando y que en pocas horas el servicio será restablecido, pero en oportunidades hay que esperar más de tres días para volver a tener agua.

Sea como sea y, frente a tantas deficiencias como las registradas en estos últimos meses, correspondería señalar que la empresa Absa, antes de aumentar sus tarifas, debiera garantizar mejora concretas en el servicio de agua corriente. Correspondería, entonces, insistir en lo que ya se dijo aquí a fines del año pasado, en el sentido de que un principio básico del derecho señala que la diferencia entre un impuesto y una tarifa de servicios radica en que el costo, en el primero, está desligado de toda contraprestación directa para el contribuyente, mientras que en la segunda el valor que se hace pagar está relacionado a un servicio que se ofrece. En este último caso, sin perjuicio de advertir que, habitualmente, los usuarios deben hacerse cargo de algunos costos que son independientes del consumo, relacionados a la instalación de redes y otros rubros.

Lo que en realidad ocurre es que miles de usuarios –los de La Plata y el resto de la Región vienen dando, desde hace demasiado tiempo, sufridos testimonios de ello- no cuentan con la garantía de poder acceder de manera confiable al consumo, de modo que, si el valor que paga el usuario está subordinado al servicio que se brinda, es esencial que la empresa Absa cumpla con su parte. Algo que, bien se sabe, no ocurre o, en todo caso, sucede con demasiadas imperfecciones. Es preciso insistir, entonces, que nadie está obligado a pagar un impuesto al agua, sino la prestación del servicio de agua, que es algo bien distinto.

Es de esperar, entonces, que las autoridades provinciales analicen a fondo estos y otros argumentos, sin perjuicio de que impulsen perentorias medidas para garantizarle a la población un suministro del servicio que se encuentre, al menos, a la altura de las exigencias mínimas.

 

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