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“Réquiem” se estrenó en el Colón

Encargada especialmente al compositor argentino Oscar Strasnoy, tuvo su debut el martes en el primer coliseo nacional

12 de Junio de 2014 | 00:00

Por NICOLAS ISASI

Réquiem, de Oscar Strasnoy. Dirección Musical: Christian Baldini. Puesta en escena: Matthew Jocelyn. Diseño de escenografía: Anick La Bissoniére y Eric Oliver Lacroix. Diseño de vestuario: Aníbal Lápiz. Diseño de iluminación: Enrique Bordolini. Temple Drake: Jennifer Holloway. Nancy Mannigoe: Siphiwe McKenzie. Gavin Stevens: James Johnson. Gowan Stevens: Brett Polegato. Gobernador: Cristian de Marco. Pete: Santiago Burgi. Juez: Mario de Salvo. Carcelero: Damián Ramírez. Teatro Colón, junio, 2014.

Un telón blanco marfil con algunas líneas marrones que danzan y se entrelazan entre sí. Ese es el fondo de la primera escena que transcurre a principios del siglo veinte, donde una pareja duda entre seguir y escapar o permanecer y terminar con la relación. Una misteriosa aparición, produce un cambio abrupto en ellos, y origina la primera entrada coral de forma imponente. De más está decir que se trata de uno de los coros, sino el más importante y numeroso dentro de nuestra lírica nacional, el cual se ubica sentado en una especie de estrado aéreo, con una impersonal luz cenital que deja entrever parte del vestuario de época (sombreros y tocados incluidos) mientras cantan en latín. Luego tendrán alguna pequeña intervención en inglés. Sin embargo, toda la obra se encuentra en inglés, tratándose de una adaptación del escritor William Faulkner. Ese estrado coral, ahora sirve de marco para una verdadera Corte Suprema con juez incluido y una enorme bandera estadounidense que cuelga en el centro completa el cuadro. Cada intervención coral será de igual modo, y hace recordar al viejo coro griego que servía a la vez de narrador, presentando y comentando parte de la historia.

La austera escenografía de carácter realista, es una brillante creación de Anick La Bissoniére y Eric Oliver Lacroix que se complementa con un inteligente diseño de luces a cargo de Enrique Bordolini. Un amplio living de madera, contiene una chimenea de mármol con fuego en el centro. Más adelante, un vestíbulo, y la cárcel. Aquellas líneas marrones entrelazadas -¿humo?- que se veían desde el inicio, parecen ser parte del pasado (flashback) que se actualiza con el humo de cada pitada que realiza la nerviosa Temple Drake. El diseño de Aníbal Lápiz, deja en claro por qué es uno de los más grandes vestuaristas de la lírica. Recordemos su trayectoria junto al Regisseur Roberto Oswald (fallecido hace casi un año atrás) como una de las duplas más reconocidas de la historia del Teatro Colón. El conjunto celeste y la pollera tableada marrón con polera negra que usará en el segundo acto, no sólo caracteriza al personaje en época y clase, sino que le otorga porte y estilo propio.

Durante el intervalo, se escuchaban algunos comentarios de satisfacción por parte del público, al encontrarse con una ópera contemporánea que se podía escuchar. Probablemente por la llegada de algunas obras que siguen una línea atonal, poco aceptada por el público desde sus comienzos hasta hoy en día. Cita textual de Ligeti: “Con Schoenberg y la Escuela de Viena, luego con la generación de posguerra de Darmstadt y Colonia, hemos traspasado en este siglo una nube de alta entropía (en física, la magnitud que determina el grado de desorden molecular de la materia). En el preciso instante en que salgo de esa nube, veo – y lo digo de manera sumamente crítica- que todos nosotros, mi generación, yo mismo (no me excluyo...) hemos compuesto una música horrible. Esa música horrible fue una consecuencia de la música dodecafónica”.

Pero la música de Strasnoy logra atrapar al espectador, a medida que recorre desde conjuntos corales, pasando por el folklore norteamericano, algo de blues, de spiritual y hasta se puede pensar en una banda sonora para cine. Las escalas que suben y bajan, la alternancia de percusión y cuerdas, las apariciones de motivos repentinos y los profundos silencios, acrecientan el suspenso de la obra. Se destaca la sección de los aerófonos de madera: armónica, flauta, bandoneón y saxo soprano, dejando una impronta jazzística en sus interpretaciones. Un trabajo sólido y de difícil ejecución con un buen sentido de orquestación, que fue interpretado de forma acertada por los músicos bajo la batuta de Christian Baldini.

Henry, el gobernador, (Cristian de Marco) presenta una especie de hipo al hablar, provocando gracia e ironía, a la vez que intensifica la tensión de la escena en la cual la Sra. Stevens (Jennifer Holloway) vuelve a ser Temple Drake mediante una confesión. Allí comienza un aria donde se aprecia la belleza y el potencial de su voz, sumado a una impecable actuación y su phisic du rol que la asemeja a las rubias hitchcockianas de aquella época. Fue sin dudas la estrella de la noche, avalada por un público que no dejó de aplaudir. James Johnson (Gavin Stevens) interpreta un sólido abogado con precisión y seguridad. Brett Polegato, en el rol de Gowan Stevens, es parejo en su aria “eight days” aunque pierde fuerza durante el segundo acto. Siphiwe McKenzie, en el rol de Nancy, además de presentar un personaje sumiso y escalofriante, impacta con sus cualidades vocales, sobretodo en su registro agudo. Mario de Salvo tiene una corta pero eficaz aparición como juez, donde constata la intensidad de su voz a medida que sigue cantando una vez fuera de escena por encima del coro. Santiago Burgi (Pete) interpreta a un inquieto pero convincente amante, tanto en lo vocal como en lo actoral. El carcelero, interpretado por el contratenor Damián Ramírez, logra una actuación visceral y realista, sin dejar de lado sus cualidades vocales, generando un personaje bastante particular.

Por último, requiem en latín significa descanso. En música, corresponde a una obra realizada en honor a los muertos. Este Réquiem (ahora en referencia a la ópera), tiene un poco de eso. Encontrarán una obra que reflexiona sobre la memoria, la violencia y la culpa en una trama de suspenso e intriga que más que hacerlo descansar, lo mantendrán en alerta hasta el final.

EL COMPOSITOR

Oscar Strasnoy tenía 18 años cuando se fue de la Argentina. Alumno de Aldo Antognazzi y de Guillermo Scarabino, continuó sus estudios en el Conservatorio de París y en la Escuela Superior de Música de Frankfurt. En 2004 volvió a Buenos Aires para presentar la opereta Geschichte, basada en un texto de Witold Gombrowicz, en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. En 2012 estrenó Cachafaz, tragedia bárbara.

Ganó los premios Orpheus por su ópera Midea, el premio Georges Enesco de la Sociedad de Autores franceses, el Grand Prix de la Musique Symphonique en 2010 y el Nouveau Talent Musique en 2011. El sello musical AEON publicó un CD con obras suyas interpretadas por la Orquesta Filarmónica de Radio France. El Festival Présences de Radio France le dedicó la edición 2012 con un retrato de sus obras en catorce conciertos en el Teatro del Châtelet de París.

Este 10 de junio de 2014, realiza el estreno mundial de Réquiem en la sala mayor del Teatro Colón por encargo de dicho teatro. Actualmente reside y trabaja en Berlín.

LA OBRA

Réquiem está basada en “Réquiem para una monja” del escritor estadounidense William Faulkner.

Strasnoy viajó cinco semanas por el sur de los Estados Unidos (Mississippi, Tennessee, Arkansas, Alabama, Georgia y Louisiana) con el objetivo de empaparse con dicha cultura para la composición de la ópera. El libreto fue adaptado por Matthew Jocelyn quien trabajó constantemente junto al compositor, y es a su vez, quien se encarga actualmente de la puesta en escena.

Strasnoy considera que la ópera es un género aparte el cual “hay que entenderlo en sí mismo, y para practicarlo se debe tener una inquietud teatral y un buen sentido del timing”.

El compositor aclara que intenta ser fiel a su primer estado de interpretación de las obras dramáticas al momento de escribir la música. Y un privilegio que tiene como compositor de ópera es poder participar del proceso de trabajo junto a los cantantes, algo que le permite intervenir y modificar elementos de la partitura durante los ensayos con el objetivo de ofrecer el mejor espectáculo al público, el destinatario final de su obra.

Considera que el Colón es nuestro mayor escenario y que por milagro flota frente a los constantes naufragios. Vale aclarar que este no es uno de esos casos. Destaca la importancia de todos los trabajadores del teatro que llevan adelante una maquinaria gigantesca.

Para tener en cuenta
QUE: Réquiem
CUANDO: Viernes 13 y martes 17 a las 20.30. Domingo 15 a las 17
DONDE: Teatro Colón, Cerrito 628
ENTRADA: Desde 40 hasta 870 pesos.

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