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Después de que aflojaron los controles

Tras el recreo de enero, otra vez los “trapitos” invaden el Centro

Si bien nunca se fueron del todo, después de los operativos de fin de año y con la llegada del receso estival, había aflojado su presencia. Pero de a poco volvieron a copar la Ciudad

Tras el recreo de enero, otra vez los “trapitos” invaden el Centro

los “trapitos” y limpiavidrios volvieron a instalarse en las cuadras céntricas. en enero, se los vio menos, pero en febrero se hacen notar / demian alday

“¿Se lo cuido?”. Ausente durante todo enero y la primera semana de este mes, la pregunta -que no contempla ni admite un “no” como respuesta- reapareció en la banda de sonido cotidiana con el paulatino regreso de los trapitos al micro y macrocentro de la Ciudad, un renovado desembarco que amenaza con jaquear los resultados de la ofensiva encarada por la Comuna local a lo largo de diciembre.

La vuelta de los cuidacoches y limpiavidrios ya se siente en los principales ejes comerciales y sus inmediaciones -avenidas 7, 51, diagonal 80, calles 8 y 12-, y es menos evidente en las zonas administrativas, universitarias, judiciales y de boliches -en horas nocturnas-. La saga de operativos contra estos espontáneos “auxiliares urbanos”, a quienes se acusa por “extorsionar” a los automovilistas, arrojó como saldo a fines de 2018 varios aprehendidos y decenas de multados por contravenir las normas vigentes.

Hasta el momento, la posición expresada por la Comuna apunta a que los operativos continuarán, y que las movidas de fiscalización en la vía pública seguirán a cargo de los inspectores de las áreas de Control Ciudadano y Seguridad y Justicia, con el apoyo del Juzgado de Faltas pertinente y agentes de la DDI -Policía de Investigaciones-.

El municipio sostiene que los trapitos “lucran amenazando y amedrentando a los vecinos”, interpretación que se tradujo hace un año en una denuncia formal por conducta extorsiva, radicada ante la Justicia por el subsecretario de Seguridad platense Fernando Padovan, que dio pie a las detenciones.

Ese texto alude explícitamente a “la comisión del delito de acción pública de ‘extorsión’”, tipificado en el Código Penal, “por cuanto en distintos puntos de la ciudad actuarían, de manera individual u organizada, personas comúnmente denominadas ‘cuidacoches’, quienes mediante intimidación obligan a los automovilistas a entregar dinero con la finalidad de cuidar de sus vehículos, amenazándolos con un mal futuro en perjuicio del bien que, producto de su estacionamiento en la vía pública, queda fuera de su custodia durante un lapso de tiempo prolongado”.

En un entorno hostil, en el que las “atribuciones” de los trapitos se diversifican (no sólo cosechan propinas por mirar los autos, sino que comercializan cargadores, linternas y fundas para celulares, pagan el estacionamiento medido si ven venir al inspector, lavan carrocerías y ofician como “valet parking”), la competencia por las mejores cuadras es cada vez más tensa, y a menudo deriva en peleas; hace apenas un mes, un adolescente de 17 años apuñaló a otro de 19 por el “control” de la esquina de 12 y 51, frente al Palacio Municipal.

actividad ilegal

Desde marzo de 2000, la ordenanza 9.127 prohibe en todo el partido de La Plata “la actividad de cuidadores de coches en la vía pública, rentada o gratuita, en todas sus formas y bajo cualquier denominación que se utilizare”. Y también le pone freno a los limpiavidrios y “lavacoches”, cuyas prestaciones al paso son tipificadas como “cualquier servicio de lavado rápido de los automotores en la vía pública”.

Para ellos, la norma prevé la aplicación de los castigos previstos en el Código Contravencional local, “para el caso de que la conducta no constituya violación a las leyes contravencionales provinciales o a las establecidas en el Código Penal”. La figura de extorsión entra en este último apartado, por lo que uno u otro encuadramiento dependen de la “modalidad comisiva” de la falta en que se sorprenda a los trapitos.

Los rastrillajes municipales que se desarrollaron hasta ahora cubrieron, entre otros, los tramos de 53 entre 8 y 9, 53 entre 11 y 12, 10 entre 45 y 46, 46 entre 9 y 10, 46 entre 10 y 11, 1 y diagonal 80, plaza San Martín, diagonal 77 y 45, diagonal 74 y 5, 4 entre 45 y 49, 46 entre diagonal 74 y 11, 10 y 46, 51 entre 11 y 12, y el Paseo del Bosque en sus ejes de avenidas Iraola y 52. Estas recorridas, además de arrojar como saldo el labrado de decenas de contravenciones, tuvo la particularidad de que la cantidad de multas por mal estacionamiento superó con holgura a la de aquellas que se les impusieron “in fraganti” a los trapitos.

En el casco fundacional local, el área en que los cuidacoches son casi omnipresentes es cada vez más extensa, y responde a una suerte de “demanda” en expansión; más autos en las calles, que requieren una superficie mayor para estacionar, y a la vez más cuadras con estacionamiento medido, que muchos prefieran evitar replegándose hacia sus bordes.

TAMBIÉN EN CABA

Semanas atrás, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires endureció las normas contra los cuidacoches y limpiavidrios; hasta entonces, sus tareas eran consideradas infracciones solamente si se comprobaba que había una “exigencia” de dinero por parte de las personas que las ofrecían. Ahora quedaron terminantemente prohibidas, con penas de 5 a 15 días de arresto, que se elevan al cuádruple para los jefes y coordinadores de las bandas.

Atribuciones
Los trapitos platenses no sólo cobran propinas por mirar los autos, sino que venden cargadores, linternas y fundas para celulares, pagan el estacionamiento medido al dueño del coche si ven venir a los inspectores municipales, lavan carrocerías y ofician como “valet parking”

 

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