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EDITORIAL

Los habitantes se ajustan; el sector público, no

Los habitantes se ajustan; el sector público, no

El ajuste del sector público en la Argentina aparentemente tiene hasta el presente como objetivo incrementar los ingresos de los estados nacional, provinciales y municipales.

La presión impositiva sobre el conjunto de la sociedad economicamente activa -aunque también sobre la clase pasiva- ha llegado a un nivel imposible de solventar por la población y el sector privado industrial, comercial y de servicios, salvo escasas excepciones entre ellas los proveedores de Estado.

Así se ha estrangulado lentamente al país constituyéndose, inequivocamente, en uno de los factores que promueven la recesión por la que transita la Argentina.

En relación al producto bruto de la Argentina el gasto estatal bate records entre los países con regímenes democráticos.

A ello debe agregarse la ineficacia de los servicios públicos en todas las áreas, pero muy especialmente en aquellas que son extremadamente sensibles para el conjunto de la sociedad, tamles como seguridad, salud pública y educación lo que obliga a los sectores de la ciudadanía que pueden a pagar por esas prestaciones a sumarse a quienes prestan desde el sector privado obligaciones y servicios que, se supone, son indelegable responsabilidad del Estado. Todo lo antedicho con el agravante que, para el común de las familias, genera gastos muy difíciles de enfrentar para atender todos sus requerimientos.

Así es como, por ejemplo, vecinos que preocupados por su seguridad se refugian en humildes barrios cerrados, podrían ser pasivos de un considerable aumento en los montos a pagar en concepto de Impuesto Inmobiliario si a esos barrios -muchos de ellos no más de una manzana, y en algunos casos, hasta media manzana, se los pasa a consider como si fueran propiedades construidas en countries.

En la Argentina pocas estadísticas son confiables pero no se tiene conocimiento de cuántos dependientes tiene el sector público ya sea como empleados directos, por tercerizaciones, por las llamadas cooperativas, por las sociedades anónimas del Estado y los entes descentralizados. Por supuesto que muchos de los salarios son reducidos ya que por la cantidad de personas que cobran en alguna repartición es imposible el pago de salarios dignos.

Hace años se sostuvo que el Estado en la Argentina es un “ogro filantrópico” que se apodera de casi todo para alimentarse y después distribuir las sobras entre unos pocos.

Esa es la situación actual que parece ser aceptada por los gobiernos, mientras se sigue designando personas que -supuestamente- trabajan para los estados nacionales, provinciales y municipales.

Mientras el gobierno nacional declama como objetivo primordial de su gestión el déficit ceroEl imprescindible ajuste de los egresos sigue siendo postergado y recae sobre el conjunto de la población.

 

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