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CERRÓ UNA GRAN COPA ARGENTINA SIN HABER PERDIDO

El Lobo lo jugó con el corazón

Por WALTER EPÍSCOPO.- Tras empatar 1-1 con Central y ser más en el juego, los albiazules esta vez no pudieron desde los doce pasos

La desazón final de los protagonistas porque la copa se escapó. Dieron todo y estuvieron a la altura, sólo les faltó la coronación / Demian Alday

Fito Rinaudo, un gladiador que merecía coronarse / Gonzalo Calvelo

MENDOZA
Env. Especial

Por WALTER EPÍSCOPO

wepiscopo@eldia.com

Cuando a lo largo de los noventa minutos había hecho méritos suficientes como para quedarse con el triunfo, Gimnasia anoche terminó cayendo por penales ante Rosario Central en la final de la Copa Argentina que se jugó en el estadio “Malvinas Argentinas” de Mendoza. En un partido más luchado que bien jugado, el Lobo y el Canalla igualaron 1 a 1, y a la hora de definir desde los doce pasos, los Canallas fueron más efectivos y se terminaron imponiendo 4-1.

Se dice que las finales se ganan y no hay excusas. El equipo del Patón Bauza pegó primero, y así los mens sana debieron ir de atrás a buscar la igualdad, que logró a poco de iniciarse la segunda etapa. Después, a la hora de los penales, no hubo dudas y los Canallas ganaron con la claridad que no habían tenido durante el encuentro.

Sabiendo de sus virtudes y limitaciones, el equipo de Pedro Troglio salió concentrado al máximo, sabiendo que no iría al golpe por golpe. Presionando fue arrinconando hacia su arco a los rosarinos. Con un sistema de juego por momentos elástico, con un 4-1-4-1 que dejaba muy aislado al Tanque Silva y obligaba al “nueve” a bajar hasta la mitad de la cancha.

En otros momentos fue un 4-3-3, con Comba, Silva y Tijanovich bien arriba, y también se supo acomodar al clásico 4-4-2, que por otra parte utilizaba el rival. La primera aproximación fue de Gimnasia con un remate desde afuera del área del paraguayo Ayala que se fue rozando el poste izquierdo del arquero Ledesma.

La respuesta del Canalla sería profunda, y en su primera llegada, en una jugada de posición de juego que en un primer momento dejó dudas y tras varios rebotes dentro del área, Zampedri venció a Martín Arias poniendo el 1-0 cuando el Lobo manejaba la pelota y dominaba territorialmente. Un baldazo de agua fría para los de Troglio cuando el cronómetro marcaba 19 minutos.

A lo largo del partido Gimnasia fue mucho más. Pero le faltó plasmarlo en la red

 

Tardó unos minutos el equipo mens sana que sintió el golpe Canalla. En un estadio que era una caldera, el árbitro Loustau empezó a tener un protagonismo para nada saludable. Ya recuperado, el Lobo volvió a tomar las riendas del partido.

Central ganaba pero se lo veía impreciso, y muy pocas veces pudo dar dos pases seguidos, y menos llegar hasta Martín Arias. Los platenses iban con decisión, y Central empezó a abusar del juego fuerte y a tratar de cortar el partido ante la pasividad del árbitro que se empezó a equivocar, y casi siempre en contra de los albiazules.

Una clara falta a Silva no cobrada en la puerta del área grande; un lateral en ataque jugado rápido que dejó en buena posición adentro del área a Comba e hizo detener la acción inexplicablemente; y un córner que no dejó ejecutar cuando quedaba tiempo, hicieron que los jugadores se arremolinaran alrededor de Loustau que lo único que hizo más que dirigir, fue hablar.

La victoria parcial para Central era demasiado premio, ya que no había hecho más que Gimnasia, pero se sabe que en el fútbol los merecimientos no existen. Troglio se fue al vestuario sabiendo que debía hacer algo, y sin dudar mandó a la cancha a Jan Hurtado en lugar de Tijanovich de floja tarea.

Y Gimnasia otra vez tomó la iniciativa desde el inicio, y tuvo su recompensa rápido. Feroz contragolpe que inició Lorenzo Faravelli, y el mismo volante ex Newell´s terminó inflando la red de Ledesma para hacer explotar al Triperío. Era el empate que ponía merecimiento en el resultado, y a los de Troglio otra vez en partido.

La final otra vez estaba abierta. Empezó a jugarse fuerte de los dos lados, pero parecía Gimnasia más entero. Ahora Central era el que debía reponerse del tremendo golpe que significó el empate. Tuvo unos minutos donde empujado por su gente aceleró el Lobo y tuvo contra las cuerdas a los rosarinos, que a lo único que atinaban sus defensores, era a revolearla por el aire a cualquier parte.

Comba por derecha hacía lo que quería, pero ni Silva ni Hurtado lograban conectar. En la mitad de la cancha el duelo lo ganaban Rinaudo, Licht y Faravelli. Precisamente Fito se convirtió en el cerebro en el medio, jugando y haciendo jugar.

Los minutos corrían y ambos equipos empezaban a sentir el desgaste, y los técnicos comenzaron a realizar variantes. Cada ataque costaba mucho, y sobre los 30 minutos todo se emparejó. Guanini atrás fue una garantía, mientras el pibe Kevin Gutiérrez que debutó entrando por un extenuado Faravelli, se transformaba en manija. El Mono Gómez se juntaba por izquierda con Hurtado tratando de quebrar la defensa rosarina. Lo tuvo Silva de cabeza, pero Ledesma en gran reacción sacó con un manotazo al córner.

No fue una noche para reproches. El equipo dio la talla y cerca estuvo de la coronación

 

Central ya no tenía argumentos futbolísticos y sus individualidades no aparecían. El Lobo quemó las naves pero no le alcanzó, y así se fueron irremediablemente a los penales. Allí los rosarinos fueron implacables anotando sus primeros cuatro remates, mientras que el Lobo esta vez no estuvo fino, y tras errar Silva y Guanini, se hizo irremontable, a pesar que Hurtado convirtió el suyo.

Fue un golpe a ilusión del pueblo mens sana, que había desbordado sus tribunas en una colosal movilización que será recordada por años. Ese golpe fue grande porque le fue en zaga a lo que este equipo había generado: por primera vez en mucho tiempo los protagonistas irradiaban confianza para un partido decisivo. Quizás como nunca antes en los últimos 25 años.

Esas sensaciones tenían que ver con haber dejado en el camino a River y Boca, los dos finalistas de la mentada Copa Libertadores que se definirá en territorio ibérico. Y, sobre todo, por el modo en que dejó en el camino a los dos gigantes. Ante River estuvo dos veces por debajo en el marcador pero jamás dejó de creer. Y tuvo el premio en los penales. Ese premio que bien merecía anoche y le fue esquivo.

Así como el corazón tiene razones que la razón no entiende, el fútbol tiene razones que la lógica no comprendería jamás. Porque el Lobo jugó con paso de campeón, apostó a ganador, fue siempre a paso avasallante a pasar por encima a su rival y, sin embargo, se quedó con las manos vacías.

Fue una noche de desilusión para los albiazules. Pero tan grande como la tristeza deber ser el orgullo por la manera en que encaró y protagonizó el partido. El nombre de Gimnasia quedó bien arriba. Los protagonistas estuvieron a la altura del acontecimiento. Sólo faltó la coronación.

No todo en el fútbol tiene explicación. Los protagonistas, pero sobre todo los hinchas, procurarán hallar, aunque será una empresa complicada. En el plano deportivo, la producción de Gimnasia fue irreprochable. En el debe le quedó, casi exclusivamente, la falta de pericia para resolver el trámite en los noventa minutos, tras haber merecido largamente otro desenlace.

 

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